La crisis de lo escrito y de la lectura

“De pronto, la superioridad asumida como sinónimo de competitividad – pero como ya vimos sobre todo de status- entró en crisis. Porque Dickens, Dumas, Balzac, y mucho más Proust, dejaron de ser referentes de los hijos de quienes sonrieron ante la ignorancia supuestamente reflejada en los sucesos de Cajamarca. Y es que en el proceso los mismos padres habían reemplazado la lectura de los libros por colores de estos en los estantes. Habían reemplazado también, y confundido gravemente información con conocimiento. (…)

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La escuela no advirtió el fenómeno. Algunos colegios y universidades invirtieron ingentes sumas de dinero en la robotización de su infraestructura. Creyendo que el asunto era que estábamos frente a una moda o frente a un epidérmico lenguaje y que era posible traducir la escribalidad en signos de ese lenguaje. Sin darse cuenta de que ya ellos mismos habían perdido esas categorías escríbales y sin darse cuenta de que se estaba configurando un nuevo universo semántico. Aquel de la electronalidad.” (pp.300-301)

J. Biondi Shaw y E. Zapata Saldaña, La palabra permanente: verba manent, scripta volant: teoría y prácticas de la oralidad en el discurso social del Perú. Lima: Fondo Editorial del Congreso del Perú, 2006.

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