“I’ll be your mirror
Reflect what you are
In case you don’t know
I’ll be the wind, the rain and the sunset
The light on your door
To show that you’re home”

Lou Reed, el animal de rock and roll de la Velvet Underground, la fuente del punk, el artista del noise extremo, el romántico narrador de historias (como sucias novelas francesas), ha muerto hoy. No el más poeta de todos, no el más vanguardista. Pero el equilibrio perfecto entre todo. El más inspirador. Sin Lou Reed no habría Bowie, no habría Iggy Pop, Patti Smith, New York Dolls, no habría punk, no habría Modern Lovers, no habría Brian Eno. El mundo, tal como lo conocemos, sería distinto. Más triste, más hippie, más aburrido.


Lou Reed y Laurie Anderson.

Mierda. Es demasiado triste. Lou Reed había sobrevivido a tanto. Uno hasta podría pensar que era uno de esos seres elementales, que nunca se iba a ir. Que siempre iba a ser esa mano en la oscuridad, para que no tuviéramos miedo.

Buenas noches, Lou Reed, le digo adiós a un amigo entrañable.

Adiós, Lou Reed.

Más: Mayu se despide también. Lo hace mejor que yo. Léanlo. También a Sasha Frere-Jones en el New Yorker, una entrevista de Neil Gaiman (¡Neil Gaiman!) a Reed luego del Magic and Loss, una entrevista clásica de Lester Bangs a Reed después del Transformer (sobre música y sexualidad), el artículo de Spencer Kornhaber para The Atlantic, Ben Ratliff en New York Times y Greg Kot en The Chicago Tribune. También, las palabras de homenaje de Morrissey, Lee Ranaldo, David Bowie, entre otros (vía NME), y los obituarios en NME, las palabras de despedida de David Bowie y de Patti Smith, en Mojo, en Rolling Stone, en SPIN, en Q, el obituario de Ray Loriga y en Les Inrockuptibles.