Yo soy Charlie Hebdó, porque su lucha política es la mía también.


Imagen de Álvaro Portales

La defensa de Charlie Hebdó, antes que un tema de libertad de expresión en abstracto, es una defensa política. CH tiene una apuesta política clara, de crítica al fundamentalismo escondido en muchas de las principales religiones del mundo hoy en día. Fundamentalismo que hostiga, esclaviza, tortura, mata y oprime a millones de personas en el mundo. En el Perú, por ejemplo, el fundamentalismo católico representado por grupos como el Opus Dei, entre otros, contra la población LGTBI, contra las mujeres y su derecho a un aborto seguro e informado, contra el acceso a derechos humanos básicos. CH, desde donde yo lo he visto, no representa los intereses de un liberalismo de izquierda, sino más bien levanta banderas de acceso a derechos sociales básicos. La bandera de CH, desde las propias declaraciones de sus directores (hoy asesinados) hasta las viñetas y artículos, era la bandera de los oprimidos.

El otro tema tiene que ver con cómo nos enfrentamos a la interculturalidad. La interculturalidad ha aparecido como un valor per se, sin previa discusión. Se vuelve obvio que debemos respetar los valores y las creencias y las tradiciones. Pero, en distintos casos, olvidamos que estos valores, creencias y tradiciones, también han transmitido formas de opresión, formas de poder, abusos. Las religiones aparecieron no solamente como una forma de explicar aquellas cosas que no podían explicarse (¿de dónde salió el sol? ¿qué son las estrellas? etc.), sino también para naturalizar y normalizar el orden social: ¿por qué tal grupo es el gobernante? ¿por qué unos tienen más derecho que otros? Creo que es un error levantar la bandera de la interculturalidad como un abstracto y nuevamente, volver a la política. ¿Quiénes se benefician y cómo de un derecho a la interculturalidad (sic)?

En el Perú, no hace mucho, tuvimos a un grupo de fundamentalistas, ateos y comunistas. Que veían como enemigos a todos aquellos que estuvieran en su contra. Y el humor se volvió un arma también de crítica a este grupo. ¿Acaso burlarse de Abimael debería ser considerado un acto anti-comunista? ¿No fue válido usar el humor también como una forma política de crítica?

PS. Por Facebook me preguntan: ¿Y si pasara algo parecido a la Paisana Jacinta? ¿No merecería el mismo apoyo?

Mi respuesta es no. De hecho, nada más en las antípodas para mi que las banderas que levanta Jorge Benavides. Mi solidaridad podría estar en tanto víctima, pero nunca como una solidaridad política.

De hecho, los que dan certificados de buena conducta progre hoy le están dando la espalda a los CH, que eran o son bastante groseros. ¿Buena conducta? Nada más alejado de CH. Mi solidaridad es política, la lucha de CH es mi lucha.