En ese huaqueo de textos, regreso al prólogo del libro Educarnos Hoy, editado por el colegio Los Reyes Rojos, allá en el año 1984. Es un librazo, con textos de Durkheim, Schumacher, Illich, Goodman, Winnicott, Piaget, Armstrong, entre otros, sobre educación, sobre la imposibilidad de la educación, sobre el reto de la educación. Nunca, que yo recuerde, fue vuelto a editar.

El prólogo, escrito por Carvallo, sigue resonando. Extraigo tres párrafos solamente. Me encantaría poder transcribirlos todos, pero escojo, de manera arbitraria, una parte que me parece interesante, rica, que abre la discusión. ¿Es necesaria la escuela? ¿Para qué? ¿Por qué?

Hace unos meses celebrábamos los resultados de la encuesta censal de estudiantes. Ciertamente son alentadores, y habla de un trabajo sostenido de años. Esto no debería hacernos perder el rumbo, sin embargo. Seguir preguntándonos si el fin de la escuela es el cumplir con estas metas cuantitativas o, como se plantea Carvallo en las líneas que escogí, un espacio para que los niños y niñas encuentren sentido al futuro como comunidad o nación:

“Actualmente, como en otros tiempos -dice Bruno Bettelheim- la tarea más importante, y al mismo tiempo más difícil, en la educación de los niños, es la de ayudarles a encontrar sentido en la vida. Y para alcanzar un sentido más profundo hay que ser capaces de trascender los estrechos límites de la existencia centrada en uno mismo, creer que uno puede hacer una importante contribución a la sociedad; si no ahora, en el futuro.

Todos nosotros, y en especial la Escuela, debemos cumplir esa misión: dar fe en el futuro, abrir el espacio para el encuentro, el estímulo y el vínculo. La educación es tarea de todos pues todo estar es de escuela inadvertida. Educar intencionadamente es tarea trascendente, debe cobrar importancia en el conjunto de fuerzas que lucha por transformar la sociedad. La Escuela, como otras formas de agrupación, tiene sentido, debe renovarse. Esta renovación tal vez sería tarea vana allí donde la sociedad fuera plural, relación igual entre los hombres, fiesta para el conocimiento, el goce, el amor. En una humanidad así, como la soñaron, Marx, Bakunin, los utopistas, la escuela sería innecesaria: la ciudad toda bastaría para satisfacer nuestra necesidad de estar juntos hablándonos, enseñándonos.

Pero cada tiempo tiene su afán y el nuestro, arduo, es de construir, a tientas y luchando con la angustia, el futuro de nuestros pueblos. La Escuela reclama su papel en esta gesta. La educación, en América Latina, no puede repetir las voces que vienen de afuera. Necesitamos fomentar y conducir la aproximación, el conocimiento, la organización de los hombres. Prescindir de la Escuela, suprimirla, es pensarla desde su fracaso, desde el hemisferio norte. La libertad, la confianza, el lenguaje han de orientar nuestra apropiación de la escuela que, sin tener todo claro, sabe que educar es, inevitablemente, relación entre hombres”.

Los Reyes Rojos. 1984. Educarnos Hoy (selección de textos). Prólogo de Constantino Carvallo.

Actualización 25/04/15. Guillermo “Willi” Reaño (@ViajerosPeru en Twitter), profe mío en el colegio, me comenta que el libro fue editado dos veces, en el 84 y en el 85. La portada fue hecha por el artista Luis Castro-Mendivil cuando estaba en primero de secundaria. Y que inmediatamente tuvo acogida entre profesores y padres, que estaban deseosos de discutir para qué y por qué la educación en un país tan complejo como el nuestro.