En el libro Educarnos Hoy (selección de textos, Los Reyes Rojos, 1984), hay un par de textos del pedagogo norteamericano John Holt (1923-1985). Uno de ellos se titula “Las escuelas son lugares nefastos para los niños”. Este apareció luego en la compilación de textos de Holt, El fracaso de la escuela (Alianza Editorial, 1987). El texto se puede leer completo. Comparto un párrafo que me parece bastante bastante aleccionador, dicho con algo de ironía. Puede ser aplicado a las políticas educativas en general.


John Holt

“(El niño) aprende que es un delito equivocarse, sentirse inseguro oconfuso. Lo que desea la escuela son respuestas acertadas y, tal como describí en mi obra How Children Fail, aprende un sinfín de estratagemas para “sacarle” dichas respuestas al profesor, para hacerle creer que sabe algo que no sabe. Aprende a engañar, a “echarse faroles”, a fingir y estafar. Aprende a hacerse perezoso. Antes de entrar en la escuela trabajaba horas y horas, por propia voluntad y sin pensar en recompensas, en la tarea de descifrar el mundo y adquirir competencia en él. En la escuela aprende, como cualquier chupatintas o trabajador a la fuerza, a “escaquearse”, a no trabajar cuando el jefe no está mirando, a saber cuándo está mirando, a hacerle creer que trabaja cuando sabe que está mirando. Aprende que en la vida real no se hace nada a menos que te sobornen, intimiden o engañen para que lo hagas, que no hay ninguna cosa que merezca la pena por sí misma o que, si la hay, no se puede hacer en la escuela. Aprende a aburrirse, a trabajar con sólo una pequeña parte de su cerebro, a evadirse de la realidad que le rodea refugiándose en sus ensoñaciones y fantasías, pero no en fantasías como las de sus años preescolares, en las que desempeñaba un papel muy activo.”

Dicho sea de paso, me hizo recordar una conferencia hace unos años, donde la experta consideraba nefasto que el niño “perdiera el tiempo” (sic) divagando frente a la ventana de su aula y que esperaba aunque sea que divague sobre lo que el profesor acababa de exponer (!).