Yo voto por PPK. Desde antes de la primera vuelta tenía clarísimo que cualquiera que pase a la siguiente fase con Keiko Fujimori iba a tener mi respaldo. Así fue el 2011 también. Cualquiera menos Fujimori.

Las condiciones no han cambiado. Así como hace cinco años, el escenario al que nos enfrentamos es uno donde la impunidad puede legitimarse de ganar Fujimori. No solo porque ella viene acompañada de muchos que anhelan el pasado aquel del padre, donde el éxito económico (discutible) se puede dar a cualquier costo, en términos de vidas humanas, de sus derechos, de sus aspiraciones.

Yo voto por PPK Keiko-Fujimori
Keiko Fujimori en presentación pública con evangélicos “provida” (sic).

Han sido quince años ya de la salida y fuga de Fujimori padre. Y que hayamos llegado a este punto es principalmente responsabilidad de los tres gobiernos que siguieron a la transición. Se hizo muy poco (tampoco es que se hiciera nada) por fortalecer las instituciones, por combatir la corrupción, por deslindar con los crímenes del pasado. Los tres gobiernos, en distinto grado, fueron timoratos, cuando no coquetos, con el fujimorismo. No le combatieron ni política ni frontalmente. Y este poco a poco fue creciendo.

A un sector importante de la derecha no le importó tampoco deslindar. El fujimorismo siempre fue para varios, en dicho lugar del espectro político, el hermano que se desvió y al que pueden recuperar. Salvo el modelo, todo es ilusión repetía el fallecido Fritz Dubois. Sopesemos sus logros versus los crímenes, escribía en sus columnas.

Para otro sector de la izquierda, batallar por la democracia, lo que quiera que signifique, no fue tampoco un tema importante en la agenda. No han sido pocos los voceros en el Frente Amplio que han venido repitiendo desde hace meses que el problema no es la democracia, sino el modelo económico y que, por lo tanto, el fujimorismo no es o no era la principal contradicción.

Pero el fujimorismo no es solo borrón y cuenta nueva con la corrupción y los crímenes de lesa humanidad. Es también el mascarón de proa de una coalición conservadora, en la que está el sector más ultra del catolicismo y la iglesia evangélica. Detrás de Fujimori están los “profamilia” (sic), los “provida” (sic), aquellos que se oponen a la enseñanza de la educación sexual integral en los colegios. Van a tener poder sobre las micropolíticas del cuerpo, aquellas que se reproducen en las palabras y los actos, en los gestos en el aula, en las salas de los hospitales y postas de salud públicos.

Así, como el 2011, yo voto sin culpa por la única opción real y existente. Yo voto por PPK. Seguro, sí, PPK tiene una agenda de continuidad económica con respecto a los últimos quince años. Pero es más probable hacerle oposición a él que a una Fujimori controlando la mayoría de poderes del estado. Es probable pensar en agendas institucionales con PPK (aunque, también es probable que quiera seguir con el piloto automático que nos ha llevado a este punto de inflexión).

Yo voto por PPK. Y asumiré lo que me toca.