Pensando la ciudad: Jesús María

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Este es uno de dos posts que voy a hacer sobre la idea de ciudad, vista desde mi posición como vecino y desde el distrito. En la medida que he vivido tres años (2009-2011) en Jesús María y tengo familiares en ese distrito, algo creo que puedo poner en la mesa sobre qué idea tienen ciertos alcaldes sobre su ciudad. Ahora vivo en Barranco (2012 para adelante) y coincide que la gestión actual es del mismo partido que en el distrito anterior. Así que algo se podrá inferir.

Así como se discute la idea de ciudad que ha venido llevando a cabo Villarán, hay que ver también la idea de ciudad que han llevado a cabo los alcaldes distritales del PPC, hoy casi los dueños de los gobiernos locales de la provincia. El ejemplo más extremo debe ser Jesús María. Es un distrito que ha crecido una enormidad durante la gestión de Ocrospoma.

basura jesus maria

Basura en Jesús María, cruce de Mello Franco con Garzón.

Se debe haber triplicado la cantidad de habitantes y también ha aumentado horrores el precio del predio o del terreno. Es o ha sido la meca de la construcción. Todo esto no ha ido acompañado de una prospectiva o una planificación. Básicamente no hay espacio para servicios en el distrito. Más habitantes requieren, por ejemplo, manejo de desperdicios. Los cerros que se acumulan al costado de los edificios nuevos es una señal de la falta de planificación. Tampoco hay espacio para más veredas (la avenida San Felipe, por ejemplo, es un desastre. ¿Por dónde caminarán los nuevos vecinos?).

No voy a hablar tampoco de seguridad, que es una desgracia (que se explica no tanto por la cantidad de serenos, que en Jesús María debe ser bien alta, sino por tener calles casi sin veredas, sin lugares para sentarse y sin iluminación). No se ha reservado tampoco espacio para nuevos parques o para nuevas escuelas (¿acaso los nuevos vecinos no querrían un colegio cerca a sus casas?).
Entonces, cuando el PPC ponga en la mesa su plan para la ciudad, también miremos cómo lo han hecho allí también en los distritos de más plata.

El microcosmos de un edificio de departamentos

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Confieso que el tema me parece tan interesante como preocupante. Desde hace dos años alquilo un departamento en Barranco y mi experiencia previa como inquilino había sido la de dos años alquilando un departamento en la Residencial San Felipe. En el último caso, se trataba de un departamento en un edificio antiguo, donde muchos de las estructuras de agua y desagüe requerían harto mantenimiento y constantemente había que cambiarlas, repararlas, limpiarlas. El costo del mantenimiento bordeaba los 100 soles y alcanzaba para todo, para dichas reparaciones y también para pagar (y bien, con todos los beneficios de ley, vacaciones y gratificaciones) a los porteros. Quiero decir que en dos años, nunca escuché de problema alguno con los porteros.

De hecho, habían problemas, además de los referidos a la infraestructura. No faltaban vecinos que habían hacinado interiormente su departamento (estamos hablando de áreas de 120 metros cuadrados) porque en cuarenta años las personas tienen hijos o hasta nietos. O aquella persona a la que le va tan bien en la vida que prefiere redecorar su baño enteramente pero no pagar el mantenimiento. Morosos y gente sinvergüenza hay en todos lados.

Luego hace un año y medio, nos mudamos a Barranco. A un edificio nuevo. El cambio fue interesante, porque pasamos de un espacio bastante grande a un departamento de 80 metros cuadrados. Había que depurar, deshacerse de cosas, ser más eficiente con el uso del espacio y la luz.

Barranco, cabe decirlo, es un distrito que podría ser bonito pero no lo es. Es un distrito muy maltratado por sus vecinos y por los negocios que aprovechan y viven del aura bohemia que alguna vez tuvo. Los vecinos se han acostumbrado a no ocuparse por las deposiciones de sus perros, tiran basura en la calle, estacionan en ambos lados de la calle. Las distintas municipalidades han regalado muchos de los pocos espacios públicos (el parque donde ahora está el Museo de Arte Contemporáneo, las playas y un largo etcétera). Hay vecinos, es cierto, preocupados por la vida en común, pero podríamos decir que, como en el resto de la ciudad, ha sido una especie de guerra silenciosa: el gobierno local despojó a los vecinos de aquellos espacios y lugares de encuentro y por otro lado, los vecinos se vengan cotidianamente dejando las veredas hechas una mugre.

Hay harta investigación sobre la importancia de los espacios y lugares públicos y su relación con la construcción de valores ciudadanos. Si no hay un lugar donde tengamos que negociar y reconocer al otro, ¡cómo luego podríamos pensar en torno a una vida común en una ciudad o barrio? Por el contrario, una ciudad que da prioridad al camionetón y no al transporte masivo (y mucho menos a los peatones), que mantiene calles oscuras donde a partir de cierta hora uno ya no quiere circular, donde no hay tachos, ¿cómo se espera que uno pueda luego pensar en plural y no en singular?

Y llegamos así al edificio nuevo. Mientras la gran cantidad de familias en la Residencial San Felipe permite que pagar 100 soles cubra todos los gastos (son 100 soles por 60 departamentos), en un edificio nuevo de 19 departamentos todo se hace más caro para el habitante. Básicamente, se tiene que pagar más por el mismo servicio (un edificio con portería las 24 horas, limpieza, mantenimiento de las bombas de agua, de la infraestructura que seguramente el constructor no hizo con materiales de calidad, etc.) entre menos.

Y claro, un moroso allí se siente más. La presión económica que genera sobre el resto es mayor. Sin embargo, ya sea por el peso de los años o por la actitud de los vecinos que compraron sus propiedades hace cuarenta años, en el edificio nuevo todo va decantándose hacia un individualismo conservador, más que a una postura de comunidad moderna. Me explico.

Las normas son bastante claras en la ciudad. No se puede construir un edificio de más de cuatro pisos, porque la constructora estaría obligada a poner elevador. Así, por ello, tenemos hartos edificios que no llegan a un quinto piso. Claro, los que compran el departamento en el cuarto siempre tienen el sueño de la terraza propia. Un lugar donde, ganándole un poco a la norma, pueden construir un espacio, ya sea para tomar sol, para poner una parrilla o un tendero de ropa. En algunos casos es un poco más que eso y ciertamente podrían ser en cualquier momento intervenidos por la Municipalidad.

La norma es mucho más que una permisología, para usar un término tan querido por ciertos periodistas. Construir más también implica temas de seguridad, que la municipalidad revise que la construcción no se caiga con un temblor o un terremoto. Pero, aquí la idea es que uno hace lo que quiere con su propiedad y finalmente, no han habido terremotos hace como cuarenta años, ¿no?

¿Dar explicaciones al resto de vecinos? ¿Dar seguridad que no van a haber problemas en caso de sismo? Jamás.

Como dije, los costos de mantenimiento son altos y van a ir en aumento. Inicialmente, los dos porteros que habían en el edificio cobraban por debajo del sueldo mínimo y no tenían beneficios de ley. Porque, claro, eso implicaría pagar más por departamento. A pesar de la protesta de varios, la solución mayoritaria no pasa por subir el mantenimiento, sino por mantener una situación a todas luces explotadora, bajo el presupuesto que si no son ellos, alguien más va a aceptar ese trabajo. Nuevamente, las normas se ven como un obstáculo y en vez de plantearse un cambio para cumplirlas, mejor es esquivar el problema. De allí que de dos porteros/vigilantes hayamos pasado a uno, porque el que se fue lo hizo con denuncia al Ministerio de Trabajo.

Y con un portero/vigilante que cubre ciertas horas, era obvio que un robo iba a ocurrir. Y pasó. Robaron dos bicicletas, incluida la mía. Y más allá del valor de la bicicleta (a la que le tenía el mismo cariño al que le puedo tener a un polo viejo pero favorito), era el hecho de verse expuesto y que en cualquier momento podría ocurrir algo peor.

Nuevamente, a pesar que había un compromiso de contar con dos porteros/vigilantes, fueron las personas que no querían reconocer su deuda, las que opinaban y decían que un vigilante más no iba a darnos más seguridad, porque en las noticias se ve todo el tiempo que matan porteros en los edificios. El clima de inseguridad ciudadana es tan grande que no se puede confiar en los recursos humanos, ni en serenazgo, la policía y mucho menos en porteros. Al ser cuestionada la opinión de los morosos, ya que ellos no estaban pagando ni reconociendo en su mantenimiento el pago de porteros, ellos decían que cuando compraron el departamento no estaba estipulado en ningún lugar que iba a haber portero o vigilante. Al decirles que eso implicaba abrir la puerta a un sálvese quien pueda y que mejor cada uno pague lo que fuere, la reacción fue “que esa era una mala actitud” (sic).

Son los mismos vecinos que alquilan su espacio de cochera, porque finalmente también es su propiedad. Y claro, al ser increpados que el tener un carro, una moto, balones de gas y cajas en el área común de estacionamiento implicaba generar interés a cualquier ladrón y que eso afectaba a todos, la respuesta casi fue “bueno, es que esas cosas ocurren”. Actitud, por un lado individualista, porque no se ve más allá de la propiedad y cómo lo que se hace en esta afecta o puede afectar al resto, y conservadora porque no hay una voluntad para cambiar el estado de las cosas y ver los problemas en movimiento.

Incapacidad además para prever y planificar. Casi esperando que ocurra una desgracia (podría, efectivamente, no ocurrir, pero se trata de prever, ¿no es verdad?), pero no se puede ver más allá del mes (pedir mirar el año es un absurdo). Quizá exista allí una conexión con el hecho que tanta gente prefiera no estar en planilla y dar recibos por honorarios, porque “dar a una AFP y pagar seguro de salud, es perder plata” (escuchado varias veces). No confiamos en los servicios que nos dan y por lo tanto no queremos pagar impuestos o buscamos la manera de darle la vuelta. No confiamos en los contratos escritos y no confiamos tampoco en el cara a cara. Se vuelve un loop perverso, en donde la desconfianza interpersonal (la más alta de América Latina, según los datos del Latinobarómetro) alimentan la informalidad, la falta de planificación y la individualidad. Por ende, el cambio es enteramente personal y nunca colectivo. Construir vínculos sociales implicaría, por supuesto, confiar en las capacidades del resto. Eso no ocurre.

Y quizá por eso, el final del texto es abierto, porque la solución sigue siendo colectiva. Mirar más allá del espacio privado. Apostar neciamente por lo colectivo y común. Tener una mirada de largo plazo. Quebrar el sentido común instaladísimo donde las instituciones colectivas no familiares pueden funcionar.

La otra es seguir matándonos, literalmente entre sí.

El problema de la Costa Verde

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Se cae una piedra en la Costa Verde y golpea un auto. Un niño de tres años, que estaba dentro, está grave.

Esto es un idea y vuelta de acusaciones. La Municipalidad de Miraflores señala la responsabilidad de la Municipalidad Metropolitana de Lima. La MML de la Municipalidad de Miraflores y responde con tres documentos.

1. Oficio 026-2013-MML-APCV-GT en el que la Autoridad de la Costa Verde da el visto bueno al proyecto de enmallado del acantilado presentado por la Municipalidad de Miraflores. Este documento es necesario porque señala que la propuesta de Miraflores se encuentra conforme al Plan Maestro de la Costa Verde.

2. Carta 0136-2013-MML-GDU-SAY-DORP en la que la GDU de la MML le dice a la empresa Consorcio Miraflores (empresa que tenía a su cargo el enmallado, contratada por la Municipalidad de Miraflores) que la MML no es competente de otorgar licencias para el acantilado. La competencias de la MML se restringe a la vía de la Costa Verde, en tanto tiene categoría de vía metropolitana.

3. Resolución 10367 en la que la GTU de la MML otorga permiso para el cierre temporal de vías para las obras de enmallado. Los cierres de vías sí deben ser otorgados por la MML.

¿Mi opinión? Parte del gran problema es tener más de cuarenta ciudades, cada una con su propia planificación, presupuesto, ejecución. Un desorden de ciudad. Una herencia de la reforma de gestión territorial del gobierno fujimorista, por tratar de quitarle poder a las provincias. Un despropósito.

La oportunidad perdida de Susana Villarán

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La playa de la Costa Verde no es de los distritos. Es de la ciudad, de todo el país. Es un recurso público. La absurda forma cómo se gestiona lleva a tener cerca de cuarenta minifeudos, donde cada uno hace lo que quiere, incluyendo concesionar lo que es de toda la ciudad, pero que está bajo su jurisdicción.

playas barranco

Arriba Barranco, hoy. Abajo, playa en Australia (o lo que podría haber sido la Costa Verde). Foto y composición por Luis Mori.

Cuando llegó Susana Villarán (por quien yo voté), el eslogan que me convenció fue “Lima, ciudad para todos”. Es un buen eslogan. Una buena consigna. Pero, conforme pasaron las semanas y meses, se fue desinflando. ¿Qué ciudad? ¿Cuál todos?
Ahora, en Barranco, una de las últimas pocas playas que quedan (gracias a gestiones anteriores de alcaldes, del PPC y de otras tiendas), está siendo arrebatada. La alcaldesa de Barranco incluso ha sido enjuiciada. Pienso que es o era un buen momento para que la mml salga en defensa, a apoyar con abogados, mensajes, consignas. A hacer política.

Le pregunto a Villarán, por su canal abierto en Twitter qué ondas, si está al tanto, o qué se va a hacer y su respuesta no puede ser más leguleya y escurridiza: “En este caso, la jurisdicción pertenece a barranco y en primera instancia le compete a este distrito”. Y aunque no me sorprende, me siento una vez más, defraudado.

Cuando quizá no haya nada más subversivo y en contra de ciertas ideologías que el hablar de la recuperación del espacio público, de los parques, del tomar las calles y que la ciudadanía se sienta feliz de tomarlas. En fin.

Quien sabe si en otra gestión de izquierda ocurra algo para celebrar.

PS. Villarán en diferido añade:

“Amplio mi respuesta en diferido: estamos comprometidos en la defensa de nuestro litoral tanto playas y olas. Apoyamos a Barranco”.

Veamos. Yo ya no creo nada.