El problema de la Costa Verde

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Se cae una piedra en la Costa Verde y golpea un auto. Un niño de tres años, que estaba dentro, está grave.

Esto es un idea y vuelta de acusaciones. La Municipalidad de Miraflores señala la responsabilidad de la Municipalidad Metropolitana de Lima. La MML de la Municipalidad de Miraflores y responde con tres documentos.

1. Oficio 026-2013-MML-APCV-GT en el que la Autoridad de la Costa Verde da el visto bueno al proyecto de enmallado del acantilado presentado por la Municipalidad de Miraflores. Este documento es necesario porque señala que la propuesta de Miraflores se encuentra conforme al Plan Maestro de la Costa Verde.

2. Carta 0136-2013-MML-GDU-SAY-DORP en la que la GDU de la MML le dice a la empresa Consorcio Miraflores (empresa que tenía a su cargo el enmallado, contratada por la Municipalidad de Miraflores) que la MML no es competente de otorgar licencias para el acantilado. La competencias de la MML se restringe a la vía de la Costa Verde, en tanto tiene categoría de vía metropolitana.

3. Resolución 10367 en la que la GTU de la MML otorga permiso para el cierre temporal de vías para las obras de enmallado. Los cierres de vías sí deben ser otorgados por la MML.

¿Mi opinión? Parte del gran problema es tener más de cuarenta ciudades, cada una con su propia planificación, presupuesto, ejecución. Un desorden de ciudad. Una herencia de la reforma de gestión territorial del gobierno fujimorista, por tratar de quitarle poder a las provincias. Un despropósito.

La oportunidad perdida de Susana Villarán

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La playa de la Costa Verde no es de los distritos. Es de la ciudad, de todo el país. Es un recurso público. La absurda forma cómo se gestiona lleva a tener cerca de cuarenta minifeudos, donde cada uno hace lo que quiere, incluyendo concesionar lo que es de toda la ciudad, pero que está bajo su jurisdicción.

playas barranco

Arriba Barranco, hoy. Abajo, playa en Australia (o lo que podría haber sido la Costa Verde). Foto y composición por Luis Mori.

Cuando llegó Susana Villarán (por quien yo voté), el eslogan que me convenció fue “Lima, ciudad para todos”. Es un buen eslogan. Una buena consigna. Pero, conforme pasaron las semanas y meses, se fue desinflando. ¿Qué ciudad? ¿Cuál todos?
Ahora, en Barranco, una de las últimas pocas playas que quedan (gracias a gestiones anteriores de alcaldes, del PPC y de otras tiendas), está siendo arrebatada. La alcaldesa de Barranco incluso ha sido enjuiciada. Pienso que es o era un buen momento para que la mml salga en defensa, a apoyar con abogados, mensajes, consignas. A hacer política.

Le pregunto a Villarán, por su canal abierto en Twitter qué ondas, si está al tanto, o qué se va a hacer y su respuesta no puede ser más leguleya y escurridiza: “En este caso, la jurisdicción pertenece a barranco y en primera instancia le compete a este distrito”. Y aunque no me sorprende, me siento una vez más, defraudado.

Cuando quizá no haya nada más subversivo y en contra de ciertas ideologías que el hablar de la recuperación del espacio público, de los parques, del tomar las calles y que la ciudadanía se sienta feliz de tomarlas. En fin.

Quien sabe si en otra gestión de izquierda ocurra algo para celebrar.

PS. Villarán en diferido añade:

“Amplio mi respuesta en diferido: estamos comprometidos en la defensa de nuestro litoral tanto playas y olas. Apoyamos a Barranco”.

Veamos. Yo ya no creo nada.

Sobre la incomodidad del ser (miembro de mesa)

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Hay una idea bien extendida con esto de no ir a votar o que el voto debería ser voluntario. Y que eso de ser miembro de mesa o que te chapen para serlo (si es que la mesa de votación no ha sido armada), es para sonsos. No sé, pero es un poco la idea que solamente uno debe aportar a la sociedad si es que esta te da algo a cambio. ¿Para qué ser miembro de mesa, si el sistema político es una desgracia? La misma idea del para qué pago impuestos, si el estado no me da nada a mí. No una relación de ciudadano-sociedad, sino de cliente-empresa. Yo doy, si me dan a cambio. El estado no me da, yo no doy.

La hora de la verdad
Foto de Julio Santillán-Aldana. Algunos derechos reservados.

Por eso, uno llega, mira de lejos, ve si hay cola o no en la puerta del salón al que le toca votar. Observa con cautela si hay algún policía u oficial reclutando. Pregunta, como distraído si es la mesa (se inventa un número) y ve si están todos los miembros. Si todo está normal, el ciudadano respira tranquilo y entra. Caso contrario, busca la manera de retirarse y regresar más tarde.

Por supuesto, eso siempre y cuando no se tenga la actitud del “yo pago mi multa, total qué va a pasar y qué son 75 soles”.

No hay un acto de desprendimiento, no la “fiesta democrática” (cada vez una frase huachafa), sino una suerte de sacrificio humano prehispánico. Nadie o casi nadie se siente orgulloso de decir “mira, pago mis impuestos” o “mira, soy miembro de mesa”. Así, la persona que se rehúsa a ser conminada a ser miembro de mesa es convertida en héroe o heroína.

Todo al revés.

Lima: violencia en las calles

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Suelo respetar todas las reglas de tránsito. Cedo cada vez que puedo el paso a un peatón (seré conductor, pero mi conciencia de clase es la del pata que está caminando en la vereda). Es más, trato de ir siempre por mi carril, aunque eso signifique hacer una larga cola para, por ejemplo entrar o salir de la Vía Expresa.

Hoy fue igual, cuando de pronto un sujeto de una camioneta gris oscura 4×4 C1M 529 se me cruza violentamente, de derecha a izquierda, saliendo de ese grifo Primax y queriendo llegar al carril izquierdo de la avenida. Despotrico contra el sujeto que ni siquiera tiene un ademán de pedir disculpas y más bien grita desde dentro de su carro para que le dejen pasar. Despotrico y el sujeto de marras para su carro. El pata grita y despotrica. Le hago señal de que avance (además está perpendicular al tráfico en la Javier Prado, pero a este patán no le importa nada). Va al asiento del carro (diviso un asiento de bebé) y saca un bate de baseball. Le digo al pata que siga avanzando (éramos varios carros que queríamos avanzar).

¿Realmente me estaba amenazando? ¿Me iba a golpear el carro o la luna en medio de la Javier Prado? El pata hace un ademán de que he arrugado, se sube nuevamente a su 4×4 y se larga.

Claro, inseguridad ciudadana. Yo creo que el problema ahorita es otro totalmente. Vivimos ya no solamente desconfiados unos de otros (¿para qué llevar sino un bate de baseball?), sino a punto de estallar.

En algún momento determinado, pasado mañana, posiblemente nos vamos a matar (entre) todos.