El cinco de abril

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Aunque no se sepa o se recuerde mucho, el cinco de abril, esto es El Cinco de Abril en mayúsculas, fue un golpe de estado que se gestó mucho antes que apareciera Alberto Fujimori. Los ochentas fueron los años en los que vivimos en peligro, y pensamos que no sobreviviríamos como nación: Una hiperinflación que debilitó a la sociedad en su conjunto (Cotler con suma razón preguntaba qué sindicato podría existir con una situación económica de ese tipo), la sensación de violencia generalizada golpeando más y más las ciudades, sin clases dirigentes y con la política yendo a otra velocidad. Fue en ese escenario que los militares pensaron en ponerle un fin al sistema democrático (que solo tenía nueve años por ese entonces).

Sin embargo, los tiempos de los golpes de estado militares habían pasado. Eran también los tiempos en los que Pinochet (el modelo más cercano para la cúpula militar) ya estaba de retirada. Se necesitaba una fachada civil. Por supuesto que del lado de la izquierda no se podría conseguir a nadie que se preste (además, los militares acusaban a toda la izquierda de la situación que se vivía por aquel entonces). La derecha, los partidos de derecha, estaban en un proceso de unidad frágil (“una gran ingenuidad”, según el autor José Carlos Requena, reseñado por José Alejandro Godoy). Y de pronto surgían los outsiders, figuras mediáticas, carismáticas, con pasados algo nebulosos. Surgió Alberto Fujimori. El Frankenstein que los militares y buena parte de los empresarios necesitaban.

Benoit Becker's Frankenstein
Foto por a75. Algunos derechos reservados.

Que no se diga que fue sorpresivo, porque varios ya habían ido denunciando la preparación del golpe de estado (entre ellos, un importante Javier Diez Canseco, al que se le extraña en el Congreso). El Grupo Colina, ese comando de aniquilamiento de las FFAA, ya existía antes del 5 de abril de 1992. Lo fuerte es que muchos aplaudieron el fin de la democracia que teníamos por aquel entonces.

El golpe supuso también la impunidad. Tuvimos ocho años de instituciones copadas y tomadas: Poder Judicial, Poder Legislativo, Fiscalía, Medios de Comunicación, Universidades, etc. Donde señalar la corrupción y los crímenes de lesa humanidad era una antesala a la burla por parte de las autoridades o una levanta de hombros por parte de los vecinos. Si murieron, por algo será, decían, algo habrán hecho.


Trailer del Documental La Cantuta en la Boca del Diablo. Se puede ver completo en la web del Diario La República.

Y sin embargo, como todo, la dictadura (los académicos dirán autoritarismo académico, pero este no es un post académico) cayó. Y cayeron los responsables. Allí están en la cárcel Alberto Fujimori, Vladimiro Montesinos, buena parte de la cúpula de militares de los noventas, dueños de medios de comunicación, etc. Seguramente habrá gente que pasó piola o que en el último momento saltó del barco.

No importa. Se alcanzó algo de justicia, frente a la impunidad anterior.

Ahora hay muchos que dicen que en el Perú no hubo democracia o que hay costos que pagar. Algo así decía Abimael Guzmán (“malditos sean los que comienzan la guerra”, decía Carlos Giménez en su gran libro “Los años 39-39. Malos tiempos”). Que la paz requiere cuotas de sangre. Quién sabe. Lo que sé es que nos costó tiempo, sudor, lágrimas y tragarse tantas cosas recuperar o ganar un poquito de libertad el año 2000.

Si alguien más me repite que nunca tuvimos democracia, de verdad, que hay que ser algo miserable.

Más:
- El 5 de abril y la economía de mercado (José Alejandro Godoy)
- Lo que mal empieza (Marco Sifuentes)

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