En efecto, la tecnología no es neutral. Hay todo un conjunto de normas que marcan o tratan de marcar la apropiación de las tecnologías para cada grupo. Esta entrada permite introducir la variable poder en internet (casi siempre visto como una “herramienta”, vacía, “neutral”, donde los actores llegan, aparentemente) en igualdad de condiciones. Esto no es así, mucho menos, como se desprende de la conversación, cuando también aparece la variable generacional: Ni siquiera se puede decir que entre “las mujeres” hay un mismo uso. Así, aparecen también nuevos temas para el activismo feminista entre las nuevas generaciones, por ejemplo, el acceso a la información, a través del aprovechamiento de todos los recursos técnicos y tecnológicos que hay a la mano.
Foto por Erik Hersman. Algunos derechos reservados.
No es menos preocupante, que en esa visión normativa de internet, no se visibilicen las formas que encuentran los viejos modos de violencia contra la mujer en estos nuevos espacios. Nuevas formas para el acoso sexual, el hostigamiento, y el robo de imagen (las fotos que se cuelgan en Facebook, por ejemplo) para el chantaje, tal como apareció en la investigación EroTics, Sexo, Derechos e Internet, publicada por APC. En nuestros países este tipo de violencia en las redes no está tipificada. Inclusive, si se tratara de aplicar la legislación existente para el entorno digital, en muchas comisarías y dependencias policiales no se reciben las denuncias, porque la violencia contra la mujer se asume como natural dentro del espacio doméstico.
De hecho, para la discusión, e incluso pensando en políticas de expansión del uso de las nuevas tecnologías, no se trata de infundir un miedo a internet, sino de ampliar la reflexión sobre el ejercicio ciudadano también en este ecosistema.
Hoy conversando con Eduardo Marisca (@piscosour) y Jonathan Castro (@jsudaka) sobre lo hacker, el do it yourself digital y la música garage, salió el término #azoteadigital. Del músico de garage al hacker de la azotea. Comparto lo que apareció en el Twitter. Un cádaver (hacker) exquisito.
(Entiendo al hacker como el artesano de la información, que la trabaja, que la descompone, la remixea y la comparte. Tiene su propia ética y su propia cultura. Mucha de esa cultura hacker está expuesta en el libro La Ética Hacker de Pekka Himanen, con prólogo de Linus Torvalds y epílogo de Manuel Castells).
@piscosour: eso mismo, como @escuelab. un chico en cualquier barrio debería tener su #azoteahacker para aprender/experimentar a la vuelta de su casa
@piscosour: el hacker aprende que la realidad es transformable, hackeable, eso se convierte en que puede influir en el Estado #azoteahacker
@elmorsa: el estado debe abrir y promover espacios para la creatividad. las universidades deben ser espacios de exploración #azoteahacker
@elmorsa: allí clave es lo que se pueda hacer en educación y también promover el open gov en el estado #azoteahacker
@piscosour: si los techos de las municipalidades se volvieran #azoteahacker la conexión hacker-influenciapública se haría tangible
@elmorsa: las escuelas deben abrir sus patios y sus bibliotecas. ser espacio de promoción de artesanos de la información #azoteahacker
@piscosour: @elmorsa al mismo tiempo eso da educación en nuevas competencias, mejora empleabilidad de jóvenes, emprendimientos digitales
@piscosour: una persona que pasa por una #azoteahacker puede aprender habilidades profesionales sin la necesidad de una educación formal
@elmorsa: @piscosour mientras, la educ formal trata d enclaustrar la creatividad. se opone a la revolución d los artesanos d la info #azoteahacker
@elmorsa: la utopía educativa era que la sociedad entera sirva de pedagoga. esa utopía es recogida por la idea de la #azoteahacker
@raulhugo: El mejor modelo educativo, es que no hay modelo, cada persona aprende de una manera diferente, en libertad y con motivación #azoteahacker
@piscosour: @RaulHugo la #azoteahacker no tiene currícula, sólo proyectos. cada uno aprende a empujar su proyecto + convocar a un equipo de apoyo
@elmorsa: la calle está llena de códigos que el hacker puede remixear. ese es el modo de habitar la ciudad #azoteahacker
@raulhugo: El aspecto más basico del proceso de aprendizaje es la imitación, luego la innovación a partir de la imitación en la #azoteahacker ^^
@elmorsa: it’s full of code. code is poetry. it’s full of poetry #azoteahacker
@piscosour: nadie tiene que pedir permiso para armar una #azoteahacker, ni para ir a una. eso se traduce luego al espacio público.
@piscosour: en la #azoteahacker uno encuentra martillos, cables, laptops y APIs, y las experiencias de otros para aprender
@raulhugo: En la #azoteahacker si quieres puedes jugar, procastinar, o conversar … todo es útil, y de todo se aprende…
@piscosour: La #azoteahacker es la incubadora de los proyectos que pueden crear una industria tecnológica fuerte en el país
Eso. Inteligencia colectiva le llaman también. Están invitados a participar en los comentarios.
“Then you better start swimmin’ or you’ll sink like a stone” — Bob Dylan
Mario Vargas Llosa y su maravillosa Mac Book Pro (*).
Ayer salió una nueva columna de Mario Vargas Llosa, una más dentro de la serie de artículos que ha publicado sobre los nuevos medios y que dialoga en mucho con otros artículos pasados sobre la sociedad del espectáculo.
“Por eso los medios audiovisuales, el cine, la televisión y ahora internet han ido dejando rezagados a los libros, los que, si las predicciones pesimistas de un George Steiner se confirman, pasarán dentro de no mucho tiempo a las catacumbas.” (La civilización del espectáculo, MVLL, 2008)
Es un tema que va y viene en MVLL. ¿Está yendo la civilización actual a una suerte de decadencia? ¿Las nuevas tecnologías o lo que McLuhan llamó la cultura de la electricidad, nos está volviendo más bárbaros? Copio y pego dos párrafos y recomiendo su lectura crítica completa.
“No es verdad que el Internet sea sólo una herramienta. Es un utensilio que pasa a ser una prolongación de nuestro propio cuerpo, de nuestro propio cerebro, el que, también, de una manera discreta, se va adaptando poco a poco a ese nuevo sistema de informarse y de pensar, renunciando poco a poco a las funciones que este sistema hace por él y, a veces, mejor que él. No es una metáfora poética decir que la “inteligencia artificial” que está a su servicio, soborna y sensualiza a nuestros órganos pensantes, los que se van volviendo, de manera paulatina, dependientes de aquellas herramientas, y, por fin, en sus esclavos. ¿Para qué mantener fresca y activa la memoria si toda ella está almacenada en algo que un programador de sistemas ha llamado “la mejor y más grande biblioteca del mundo”? ¿Y para qué aguzar la atención si pulsando las teclas adecuadas los recuerdos que necesito vienen a mí, resucitados por esas diligentes máquinas? [...]
La revolución de la información está lejos de haber concluido. Por el contrario, en este dominio cada día surgen nuevas posibilidades, logros, y lo imposible retrocede velozmente. ¿Debemos alegrarnos? Si el género de cultura que está reemplazando a la antigua nos parece un progreso, sin duda sí. Pero debemos inquietarnos si ese progreso significa aquello que un erudito estudioso de los efectos del Internet en nuestro cerebro y en nuestras costumbres, Van Nimwegen, dedujo luego de uno de sus experimentos: que confiar a los ordenadores la solución de todos los problemas cognitivos reduce “la capacidad de nuestros cerebros para construir estructuras estables de conocimientos”. En otras palabras: cuanto más inteligente sea nuestro ordenador, más tontos seremos.” (Más información y menos conocimiento, MVLL, 2011)
No viene al caso aquí ponernos en una situación dicotómica, si MVLL tiene o no razón. Ese sería un terrible homenaje. Aquí más bien quiero rescatar algunos temas puestos sobre la mesa que convendría ampliar.
1. El ejercicio de la memoria y la inteligencia colectiva.
Uno de los puntos que levanta MVLL, a partir del libro (que no he leído aún) de Nicholas Carr “Internet, ¿qué está haciendo con nuestras mentes?”, es que todo esto de las nuevas tecnologías está volviéndonos más torpes, con la memoria menos ejercitada. Sin embargo, según algunos estudios, no se ha probado relación alguna entre “el ejercicio de la mente” y el desarrollo de memoria o habilidades cognitivas (ver comentario del doctor Richard Casselli sobre dichos estudios). El desarrollo de la memoria tiene que ver con otro tipo de procesos biológicos y formativos, que no se reducen a un uso de corto plazo de una u otra tecnología.
En ese sentido, la entrada de McLuhan es provocadora porque parte y regresa desde el campo de la cultura y la sociedad. Al afirmar que “el circuito eléctrico es una prolongación del sistema nervioso central” o que los medios modela “nuestra manera de percibir el mundo”, lo que está poniendo es acento en el efecto o alteraciones que provocan las nuevas tecnologías. Como usar una herramienta de retoque digital permanentemente en vez de anteojos. O tener un OST para esa lucha diaria que significa ir a comprar diario al kiosko de la esquina, parafraseando a Cortázar. De allí que, en efecto, manejemos más data e información. El problema es luego si llamamos a esto conocimiento o no, y cómo no caemos en una trampa moral (¿conocimiento bueno? ¿conocimiento malo? ¿todo es conocimiento? ¿cuál sirve? ¿sirve?). Aquí recomiendo la crítica que hace Víctor Krebs tanto de la propuesta de Nicholas Carr como de MVLL.
Una postura que tiene tanto de optismista como de crítica es la Pierre Levy, quien para él, este escenario de la era de la información abre la posibilidad de una inteligencia colectiva, donde todos en (y conectados a la) red cumplimos una función de microproductores de conocimiento (esto es, pequeños rumiantes de data) en un entramado o panal de conocimiento bastante mayor. No seríamos otra cosa que abejas de data. (Todos seríamos Anonymous, lo querramos o no). Apocalíptico o no, si vemos la gran fotografía, es posible que el conocimiento ahora sea mucho mayor que el de cualquier otra época que nos haya antecedido. Claro, en el aspecto micro, desde el individuo, puede que la escena no sea tan divertida o bonita. Pero esa es otra discusión.
2. Leemos menos. Remezclamos más.
Primero, no es cierto que se lea menos. Si solamente viéramos las estadísticas en el Perú (proporcionadas por la Cámara Peruana del Libro), veremos que cada año se importan más y más libros (a pesar de la piratería, otra señal que la gente lee). El problema es que no leen lo que uno quiere que se lea. Y eso porque los hábitos mismos de lectura, los intereses, las modas, van cambiando.
De igual modo, las industrias editoriales han encontrado un nuevo aire a través del desarrollo de herramientas tales como el iPad o el Kindle. Herramientas que son a su vez ecosistemas, que ofrecen múltiples formas de experimentar el texto en lo que autores como Henry Jenkins ha venido llamando Cultura de la Convergencia. Sí, es cierto, son finalmente nuevos filtros y un regreso a un estado previo de control comercial de contenidos. Pero no por ello deja de ser inquietante que se compren más y más libros.
Las tecnologías de la información son mucho más que “instrumentos” o “herramientas”, conviene repetirlo hasta el infinito. Son parte de un proceso mayor en el que se ha modificado todo. Y por sobre todo, nuestra forma de habitar y estar en el mundo. Es parte de un proceso de cambio de las ciudades, de nuestro patrón o modo de trabajar, de caminar la ciudad, de vincularnos los unos con los otros. El tiempo, el valor tiempo que marcó buena parte del mundo moderno (descentrado por Jack Goody en su reciente libro, El robo de la historia), vuelve a su cauce normal. Leer un libro, esto es, sentarse, tener el tiempo para leerlo, la utopía pequeñoburguesa del lector de libros sentado al lado de su chimenea, desaparece o, mejor dicho, se disuelve en el aire. El lector ahora es un prosumidor, un remixeador de información que marca, copia/pega, corta, lo hace pedazos, lo rearma y lo redistribuye. El fin del libro (como centro de la literatura y de las utopías educativas) solamente adquiere relevancia en tanto es el comienzo del hiperlibro.
“…esta muerte del libro sólo anuncia, sin duda (y de una cierta manera desde siempre), una muerte del habla (de un habla que, pretendidamente se dice plena) y una nueva mutación en la historia de la escritura, en la historia como escritura.” (Jacques Derrida, La muerte del libro y el comienzo de la escritura, De la gramatología, 1967).
Es también el fin de lo que se ha llamado el Paréntesis Gutemberg. En retrospectiva, es pensar la cultura escrita como un momento especial de la historia de la humanidad, que en realidad está marcado por la oralidad. Alejados de la historia como linealidad (que, nuevamente citando a Goody, no es ni tan occidental ni tan universal), este escenario post-Gutemberg no es ni mejor ni peor que el anterior: es otra modo más dentro de la historia, cualitativa y cuantitativamente distinto al anterior y por ende inconmesurables entre sí.
No hay fronteras claras entre la escrituralidad y oralidad, tal como lo vienen planteando hace ya tres décadas los investigadores agrupados en lo que se ha venido llamando Nuevos Estudios de Literacidad (NEL).
Toda la movida de los Creative Commons, donde detrás lo que se valora es el espíritu creativo/colectivo por sobre la idea de autor (que viene desde el siglo XVIII) va por lo anteriormente señalado. Un remix entre lo actual (la existencia del “autor”) y lo pasado (la defensa de la cultura “pre autor”).
No se trata aquí de terminar diciendo algo tipo “MVLL se equivocó”. Creo que su desazón parte de constataciones totalmente ciertas (como la citada Katherine Hayles, quien afirma que sus alumnos ya no leen libros enteros). La enseñanza, sea esta escolar o universitaria, se ha vuelto más compleja, por la enorme cantidad de recursos que los alumnos tienen a la mano (y que muchas veces no utilizan). Algo se nos está escapando.
Marx decía en una frase bastante mal citada, que lo que se trata no es de interpretar el mundo sino de transformarlo.
En los tiempos del Remix (“ni calco, ni copia, sino remix heróico”, diría José Carlos Mariátegui), de lo que se trata no es solamente transformarlo. Porque toda interpretación es, en sí misma, una transformación.
(*) No encontré la fuente original de la foto, así que si alguien me la consigna, haré la actualización que corresponde.
Una de las cosas a las que nos han tenido acostumbrados los últimos gobiernos, ha sido la de la “pilotización” de la educación. Así, como bien ha señalado Manuel Bello (leer Política educativa emblemática), el resultado ha sido el fortalecimiento de un sistema escolar altamente desigual y segregado, o para decirlo en términos más burdos, un Apartheid educativo. No hay un plan universal, sino proyectos, inversión en infraestructura de colegios emblemáticos, colegio mayor, etc.
Foto por One Laptop per Child. Algunos derechos reservados.
Es lo que hay y es sobre lo que hay que ahora ser creativos.
Foto por Kentquirk. Algunos derechos reservados.
Hay varias cosas que se pueden hacer, para no inventar la fórmula.
En primer lugar, aprender de las experiencias de la región sobre uso de nuevas tecnologías para la educación. Y todas estas han convocado a una amplia gama de profesionales, entre ellos, educadores, científicos sociales, investigadores de otras ramas, ingenieros, etc. La entrada no puede ser desde la tecnología per se, sino enmarcada en una visión mayor. De allí que Villanueva tenga mucha razón cuando afirma que esta directriz puede ser fácilmente desmontada. Si la apuesta es la educación de aquí a veinte años, se tienen que buscar consensos.
En segundo lugar, evitar la invención de la rueda. No se trata de cambiar las XO1 por tabletas multitouch porque estas representan el último avance de la tecnología, y así empezar todo de cero. Tiene que haber un plan. Indicadores. Metas. Y se tiene que ver cómo se hace sostenible lo que ya tenemos. Lo que significa no solamente presupuesto permanente para reparación de los equipos, sino también preocuparse por hacer sostenible el fortalecimiento de capacidades. Como varios estudios han demostrado, tanto en el Plan Huascarán como en el Proyecto OLPC, los profesores han sido los últimos en ser incorporados y han tenido más que obedecer un mandato que participar activamente en algo que, finalmente, ellos van a ser responsables de llevar a cabo.
Tercero, el tema de los contenidos y los usos. Vamos, se trata de computadoras, no de términales de TV más teclado. No puede ser que la salida más audaz sea el llenar esos equipos de Wikipedia o cualquier otra enciclopedia. Lo que viene haciendo la gente de Escuelab con las X0 1 debería ser replicado en muchos colegios. Experimentar con la tecnología, apropiarse de la tecnología, jugar con la tecnología, crear/manipular/difundir información con la tecnología. Ya no es tanto qué tanto contenido vamos a meter en esos discos duros, sino qué tanto conocimiento ellos pueden producir. Eso significa todo un reto educativo, y vuelve sobre las dos líneas anteriores.
Cuarto, enfrentar al reto de la interculturalidad y la tecnología. Las computadoras, así en grueso, no son nunca neutrales. Responden a patrones de consumo y uso, generalmente urbanos, occidentales y masculinos. Esperamos muchas veces que los usuarios finales (sobre todo los de zonas rurales) realicen lo mismo que en las megaciudades. Olvidar esta variable puede traer consigo una serie de dificultades. ¿Seguimos insistiendo en una educación limeñocéntrica y además tecnocéntrica? ¿Cómo resolvemos el problema? Algunas claves se encuentran en los párrafos anteriores.
Quinto, al final al final, preocupémonos ya del tipo de equipo, es decir, si renovamos el uso de las XO1 (en realidad, en el corto plazo no hay mucho de dónde escoger) o apostamos por tablets, iPads, etc. La pregunta inicial no puede ser si vamos por software libre, open source o de código cerrado. Invertir el orden va a llevar nuevamente a repetir los errores señalados al comienzo de este artículo. Como bien ha señalado Kentaro Toyama (hace poco en el Perú), las tecnologías están allí para amplificar las capacidades humanas, no para sustituirlas.
Y creo que en el campo educativo ya no estamos para experimentos.