Carl Sagan y yo

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“Parece, pues,” le dije, “que si los platos, las hojas de lechuga, los granos de sal, las gotas de agua, el vinagre, el aceite y las rodajas de huevos hubieran estado volando en el aire por toda la eternidad, podría pasar como posibilidad que se transformen en una ensalada”, dije.”Sí”, respondió mi encantadora esposa, “pero no es tan bonita como esta ensalada mía”. (J. Kepler, 1606)

Una de las cosas más increíbles desde siempre, para mi, era y es mirar las estrellas. Es algo fascinante. Fue increíble luego pensar que muchas de aquellas estrellas simplemente no existen, que su luz ha tardado tanto en llegar hasta nosotros, que posiblemente ya no están allí más y que lo que miramos es como un reflejo del pasado. Cuando miramos el cielo, no hacemos otra cosa que mirar el pasado del universo o una pequeña parte del mismo.

Me alucinaron las historias de los griegos y cómo pensaban ellos que las estrellas y las constelaciones se habían formado. Héroes que eran honrados por sus dioses y transformado en constelaciones para que así, los hombres y mujeres pudieran contar sus proezas. ¡El firmamento convertido en un libro! Qué increíble. Descubrí que los distintos pueblos tejían historias distintas. Que los arquitectos chavines construyeron sus templos y plazas para observar las estrellas también.

Eso también motivó mi franco aburrimiento con la religión judeocristiana. ¿Por qué no tenían una explicación para tanta estrella? Claro, sí, Jehová creó todo en siete días. Pero no explicaban por qué las estrellas están donde están. En fin. Ver las estrellas significó para mi acercarme al pasado de las personas, a su historia, a cómo ellos hace cientos o miles de años explicaban todo lo que tenían alrededor. Digamos que fue un motivo más para luego estudiar arqueología, como hice finalmente.

Y llegó ese señor del saco marrón que nos explicaba que todo eso que veíamos tenía y guardaba una armonía.

Me volví inmediatamente un fan. Y a mi repertorio de héroes estaban ahora Galileo, Kepler, Newton.

Y ahora ha regresado, esta vez conducido por Neil Degrasse Tyson, astrónomo y divulgador. Y el primero episodio fue transmitido el domingo en Estados Unidos (se puede encontrar ya en los torrent) y ayer para Latino América en NatGeo, en español. Un episodio donde la palabra ciencia se repite cada cinco minutos y donde le dedican un momento estelar a Giordano Bruno. Su inclusión es precisa: tan importante como el método científico es la duda. El preguntarnos qué hay detrás de las cosas. Podemos luego ver si las respuestas que construimos (en el caso de Bruno fue la idea de un universo infinito, lleno de estrellas como el sol, de otros planetas como la tierra) sirven o no. El equilibrio entre el escepticismo y apertura a nuevas ideas, planteado tantas veces por Sagan.

He allí el viaje en el que estamos todos.

Puedes leer también:
- Cosmos: Un viaje personal (de Marco Sifuentes)
- Cosmos: el viaje comienza de nuevo (de Carlos Wertheman)
- La antorcha de Cosmos (de Andrés Paredes)
- Si no te importa mucho bajar libros, puedes descargar el libro Cosmos de Carl Sagan.

Religión y ateísmo

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En las últimas semanas publiqué en mi columna La Tetera Cósmica (nombre que se lo robo a una imagen recreada por Bertrand Russell, justamente sobre la existencia de un dios cualquiera) sobre la religión, la ciencia y la educación. Partió de una serie de estadísticas publicadas primero por el Diario La República.

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Me llamaba la atención ese empate entre enseñanza de valores (sic) y la enseñanza religiosa católica. Y la coincidencia entre aquellos sectores que más reclamaban esa enseñanza religiosa católica y su opinión frente a distintos temas. Copio y pego un par de párrafos y recomiendo su lectura completa.

“Que la religión tenga un peso tal en nuestro cotidiano impacta en la construcción de ciudadanía. La religión católica, la más fuerte en el país, ha venido implantando un discurso normalizador y regulador de la vida cotidiana con mucho mayor incidencia en los estratos más pobres (tal como se puede apreciar en el gráfico que acompaña este post). No es casualidad que el mayor reclamo por cursos obligatorios de religión vayan acompañados de un discurso de rechazo a la población LGTBI y a una visión más bien conservadora sobre la salud sexual y reproductiva. Es posible que exista una relación causal allí entre esos dos fenómenos, toda vez que la iglesia católica hace su trabajo pastoral con mayor intensidad en la población pobre.” (Religión y ciencia en la educación).

De hecho, luego se acercó la semana santa y recibí varios comentarios, más por Twitter y Facebook. Intenté responderlas en un siguiente artículo. Copio un par de párrafos y recomiendo su lectura completa:

“…el ateísmo no es creer al revés. No existe algo así como “ateo ultra”. Existe el ateo. Es como si yo dijera a medio mundo: “¿Sabes? Existe un dragón invisible para cada uno de nosotros que nos protege a todos desde que nacemos. Ese dragón es hijo de uno mayor, el Dragón que creó el universo”. Ahora intenta refutarme. ¿Eso convierte a los católicos, por ejemplo, en “antidragones”? No. Es un tema de fe. Es un discurso que no puede ser sometido a ningún tipo de examen de validación. Simplemente se cree. Eso es igual para cualquier fe. Crees y punto. En mi caso, no creo. No tengo tampoco que ir demostrando que Jehová, Alá o tu dios favorito no existen. No tengo el tiempo para ello. Bien por ti, bien por mí. Soy también abierto a muchas cosas, por ejemplo el descubrimiento de una nueva partícula subatómica y también a que se demuestre la existencia de ese dios favorito tuyo.” (Mi problema con las religiones)

(La figura del dragón invisible tiene una deuda descarada con Carl Sagan)

Mientras tanto, en la currícula básica del Perú, sigue incorporada la educación religiosa.

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Presentarán Revista Arqueológicas

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Este miércoles 18 a las 7pm se presentará en el Museo de Arqueología, Antropología e Historia (MNAAH, también conocido como el “Museo de Pueblo Libre”), un nuevo número de la revista Arqueológicas, una de las más importantes de dicha disciplina de las ciencias sociales. Este último número apunta a bastante, y está dedicado a Pashash (Cabana, Ancash):
El estudio realizado por las arqueólogas Maria Inés Velarde y Pamela Castro de la Mata, nos ilustra sobre las adaptaciones tecnológicas empleadas por los artesanos de Cabana, Ancash, durante el período cronológico conocido como el de los Desarrollos Regionales (0-600 ANE). Este estudio se caracteriza por no solamente entrar en la discusión histórica cultural clásica sino porque a través del empleo de técnicas arqueométricas, se logra que los artefactos sean los que hablen en lugar de ser el investigador aquel que narre la historia de los mismos, escapando de este modo de los vicios de la arqueología particularista histórica y postmoderna.
Cristian Mesía, director del Museo, informa que se buscará nuevamente la regularidad de la revista. Bueno, eso se informará el mismo miércoles, pero igual es algo recontra importante. No hay que perderlo.

El éxito de los científicos peruanos en el extranjero

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Quiero recomendar el post de Stanislao Maldonado, a propósito del Síndrome Romerito (un debate antiguo, ¡del 2006!, en la blogósfera). Me he gustado mucho por las preguntas que abre, no solamente sobre el éxito de los peruanos en el extranjero, sino también sobre el peso que tiene la academia peruana en las redes globales. Copio algunos párrafos y recomiendo su lectura completa.

Un comentario previo. La reflexión de Maldonado sobre Romerito no es conformista, pero sí se da por satisfecho con ver a Romerito, aquel boxeador que desafiara al campeón mundial de boxeo Boom Boom Mancini, en el lugar al que llegó. ¿Debemos exigirle más? ¿Depositar en él todas nuestras esperanzas? Las preguntas que motiva Maldonado pueden ser extensivas también al fútbol, donde cientos de futbolistas abandonan incluso el colegio para convertirse en los deportistas que veremos todos los fines de semana por televisión (el caso exitoso, Nolberto Solano). ¿Habían otras opciones para su familia? ¿Tenían la capacidad de decidir?

Las otras preguntas de Maldonado tienen que ver con el campo académico peruano, campo que se encuentra a la saga con respecto al avance del país: falta de becas, de centros de investigación abiertos (¿hay convocatorias públicas para investigadores en los centros de investigación privados? ¿hay competencia?). Algo sobre lo que ha insistido, quijotescamente, Modesto Montoya. En fin, da para rato. Copio algunos párrafos y recomiendo su lectura completa:

Mas que un signo del fracaso, Romerito es una expresión del peruano que logra hacerse un lugar a pesar de la adversidad. Al igual que Kina, Romerito tuvo que enfrentar todas las limitaciones asociadas a ser peruano. A diferencia de esta, Romerito vino de atrás, de los barrios pobres de Trujillo, con todas las desventajas asociadas a nacer y crecer en la pobreza y la marginalidad. A pesar de ello, Romero llegó a la pelea con Mancini invicto, con 14 victorias a cuestas, y tumbó a este último hasta en dos oportunidades antes de ser vencido. Como dice Pimentel, Romerito pudo haber terminado siendo un delincuente pero fue un boxeador de elite que retó al campeón mundial a pesar de todas las limitaciones que enfrentó, careciendo de apoyo técnico y soporte profesional. Si Kina no hubiera sido boxeadora, tal vez hubiera seguido haciendo tabla o quizás estaría ahora dedicada al modelaje. Tenía oportunidades, posibilidad de elegir. Dudo mucho que decir lo mismo de Romero. [...]

¿Por qué uno casi no encuentra egresados de universidades públicas haciendo el doctorado en el exterior? Mi hipótesis es que ello se debe a las barreras que existen en la academia local. En Argentina por ejemplo, un egresado de una universidad pública como la UBA, si es lo suficientemente bueno, puede trabajar con algún profesor de una universidad privada de prestigio y conseguir una carta de recomendación. Ello es posible porque existen espacios académicos más abiertos, en donde los estudiantes de universidades públicas pueden presentar sus investigaciones y ganar atención en función a la calidad de su trabajo. En el Perú esos espacios casi no existen y por asimetrías de información los centros de investigación existentes no contratan egresados de universidades públicas. La paradoja es que mucho capital humano valioso puede terminar perdiéndose aun cuando podría ser más rentable contratar a un egresado de nivel de universidad pública.

La otra diferencia es que los programas de postgrado en Argentina compiten por los mejores estudiantes del país otorgándoles becas y otras ventajas. El incentivo es atraer estudiantes que se espera luego tendrán una performance exitosa en los programas de doctorado, lo cual redundaría en el prestigio del programa. En el Perú, los programas de maestría no tienen ese tipo de incentivos. Aun los programas que tienen una lógica similar de colocar a sus egresados en el exterior todavía son muy nuevos y no tienen una plana docente completamente académica como las que uno ve en Argentina o Chile. En ese contexto, el egresado de pública que quiere avanzar tiene que hacer un salto al exterior para seguir progresando. Así, mientras que en Argentina, un egresado de una universidad pública puede tener oportunidades de investigación en la academia local y acceso a programas de postgrado que le permitan luego ir un doctorado de nivel, en el Perú se debe salir del país si es que uno se quiere dedicar a la investigación. No es raro, entonces, que uno se encuentre con egresados de la UBA haciendo el doctorado en el MIT, Princeton, Stanford, Yale, por mencionar solo algunas de las universidades rankeadas en las que estos están. Una academia abierta y competitiva es, a mi entender, la explicación más sencilla a lo anterior. (Reivindicando a Romerito (1), Stanislao Maldonado)

Actualización: ¿Cómo no alegrarse por la nominación al Oscar de “La teta asustada” de Claudia Llosa? Igual, es para llamar la atención la falta de espacios para el desarrollo del cine en el Perú, con todo y CONACINE y la falta de un norte en la producción cinematográfica. Bien por Claudia Llosa, Magaly Solier y el equipo que trabajó en “La teta…”. Felicitaciones a ellas.

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