2. ¿Qué le regalará Alan García a los empresarios de la construcción?: Nosotros lo sabemos y te lo ponemos a tu alcance. Se puede leer aquí.
3. El zapato para Bush: En Iraq adelantaron las navidades, y le regalaron un zapato (solo uno, no encontraron el par) al saliente presidente norteamericano. El video se puede ver aquí.
4. Lobo, el último czarniano, la parodia de la DC Comics de Wolverine, el gran caza recompensas inmortal (como Wolverine, puede regenerar su cuerpo y además no lo quieren en el infierno ni en el cielo). Una suerte de broma de la DC.
Bueno, en una de sus historias, Lobo es contratado por el Conejo de Pascua para matar Papa Noel.
(Y a alguien se le ocurrió hacer un fan film). (Extrema violencia)
(Muchos spoilers aquí. La imagen de arriba proviene de la primera página de Batman RIP y tiene harta relación con la última escena de esta saga).
Hace unos meses escribí estas líneas sobre Morrison y lo que venía haciendo con Batman:
Les hablé de Grant Morrison. Es un escritor de comics. Sus historias juegan mucho con la deconstrucción de la realidad de la historia de los comics. En una de sus historias, Animal Man (donde retomó un superhéroe de los sesentas y lo puso de moda), inclusive apareció él conversando con su criatura. Está locazo. Y ahora quiere hacer la supercrisis para el Universo DC. En sus palabras, “el Apocalipsis, las Revelaciones”. Morrison además está escribiendo las historias sobre Batman y prepará una llamada Batman RIP. Y claro, el gran rumor es que Batman va a morir a manos de Morrison.
No lo creo. Morrison no es simple. No mata a sus criaturas, porque sabe que son ficciones y le encanta hacerlo explícito en sus obras. Como en Animal Man. O en su Doom Patrol, donde todo era una especie de sueño dentro de la ficción (como en “Las ruinas circulares” de Borges).
Mi hipótesis es que dentro del masterplan de Morrison, Batman es una especie de dios en la tierra, una suerte de Cristo.
Morrison, en las distintas entrevistas que dio, lo explicó más o menos: Si alguien ha prestado atención, se dará cuenta que las claves (el enemigo, quién está detrás de esta organización llamada el “Guante negro”, el origen de Batman) estaban allí todo el tiempo.
Vamos con los spoilers:
1. El enemigo y el “Guante negro”: El propio diablo. El maestro de la oscuridad. El adversario. Esa pista quedó clara en el episodio Batman 666. Me gustó mucho el diálogo interno de Batman/Wayne: “¿He alcanzado finalmente los límites de la razón? ¿He encontrado al Diablo mismo esperando? ¿Y había miedo en sus ojos?”. Clásico.
2. El origen de Batman: Quizá la parte más interesante. No queda muy claro si el diablo en persona es Thomas Wayne, pero hay varias pistas que se da en Batman RIP. Una, que la ciudad fue la que creó a Batman. (Arquitectura y magia negra es algo que aparece también en Batman: Arkham Asylum, también de Morrison). ¿Es la ciudad la que protegió a un pequeño Bruce Wayne frente al Diablo encarnado y lo convirtió en Batman? (Eso dicen las gárgolas a Batman, bajo los efectos de quién sabe qué drogas).
3. La muerte de Batman: Wayne se preparó todo el tiempo para este enfrentamiento, fue tentado por el Diablo mismo (su alma a cambio de mantener limpio su pasado y presente) y salió librado. Lo que viene es Final Crisis donde Batman/Wayne aparece nuevamente (sin capucha, en el entierro de Martian Manhunter) y allí supuestamente el caballero de la noche (Batman) encuentra su destino final. Bueno, si entendieron la imagen de arriba Batman/Wayne no muere, tal como Morrison lo prometió. Pasó su gran prueba y nada será lo mismo desde ahora.
¿Qué viene ahora? La reconstrucción del personaje, desde cero. Un reboot pero sin el clásico “y todo resultó ser un sueño”.
O fácil sí. Quién sabe con Morrison.
(Esto también se emparenta con una serie de historias con los grandes de DC Comics, donde, por ejemplo, Superman tendrá que dejar la tierra luego de New Krypton).
La verdad que la espera valió la pena. Es una película que trata básicamente sobre las líneas tenues que separan el bien y el mal, y los medios que aseguran ciertos fines. Es una película muy “post 9-11″, sobre todo por la aparición de un Joker convertido en la encarnación del mal y alejado totalmente de la versión circense de Tim Burton (lo cual además se acerca mucho a lo que es el Joker en los comics, desde el famoso “Una muerte en la familia” y “La broma asesina”, otra referencia segura de la película).
Esta visión pesimista del mundo “post 9-11″ se refleja sobre todo en ciertas decisiones que toma Batman para atrapar al Joker, en su guerra contra el terror. Tomando quizá como imagen al Batman milleriano del Dark Knight Returns, el Batman de Bale-Nolan no tiene límites (ni geográficos ni simbólicos) en su lucha contra el crimen organizado, y nada le puede detener. El Joker lo entiende así, mucho más que los gangsters de los tiempos previos a “la era de los freaks”. En el DKR, Batman sabía que el poder de los superhéroes les pertenecía, ellos y no el resto de mortales pertenecían a una suerte de gran Olimpo, y con ese poder el mundo podía ser mejor.
El Joker es lo que tiene que ser. Una suerte de Dios malvado, oscuro, dueño del Hades, que todo lo corrompe y que todo, además, está de acuerdo a lo calculado. Como el señor del inframundo, siempre va a ganar. Tiene, para seguir el chiste, siempre la última carta. Como en “La Broma Asesina”, su gran plan es demostrar que todos son no solamente corrompibles, sino la fragilidad del alma humana. Todo es parte de la gran broma o el gran plan, que para el Joker es lo mismo.
Otro comic referenciado en esta segunda entrega de la saga de Nolan es El largo Halloween. La llegada de nuevos dioses a Gotham City ha modificado las relaciones de poder de la ciudad. La ciudad se ha llenado de freaks, de monstruos (Batman, Joker, el Espantapájaros, Two-face), y los viejos señores del hampa no pueden hacer ahora nada.
Las reglas cambian para los habitantes de la ciudad. Y Batman ahora tendrá que enfrentarse siempre a la misma duda, si los fines justificarán los medios. Siempre podrá acabar con la vida del príncipe del crimen, pero tendrá que contenerse porque su moral así se lo dice (moral que el Joker termina siempre poniendo en duda: ¿Cuántas muertes podría evitar Batman si solamente apretara poco más los dedos en su cuello blanco?). Allí la frase del Joker termina siendo realista: “Tendremos que hacer esto siempre”.
Nolan de ese modo hace una película que tiene un doble mérito. Es una película al mismo tiempo original, que juega con la figura del duelo (presente en películas previas suyas), y que respeta la iconografía batmaniana, aquella ideada por Bob Kane (el primer dibujante) y el injustamente olvidado Bill Finger (el primer escritor), iconografía amplificada por tantos como Dennis O’Neil y Frank Miller.
Lástima que la muerte de Heath Ledger ponga tan alta la valla como para cualquier secuela. ¿Dark Victory dijo alguien?