Salió ya la colaboración que envié a Antiprensa, sobre la televisión y el poder. Un intento de responder a la pregunta (o ampliarla, en todo caso) sobre la influencia que tiene la televisión (y los medios, en general) sobre la ciudadanía.
Copio un par de párrafos y sugiero la lectura del texto para su discusión:
“Los medios están allí para modelar la realidad. Si bien es cierto que puede que no determinen un resultado electoral, sí tienen capacidad para instalar en la opinión pública agendas y corrientes de conversación. Así, por ejemplo, nos preocupamos más a diario sobre los gestos y supuestas mentiras de Rosario Ponce y la desaparición de Ciro Castillo en el Colca, pero nunca sobre la pobre capacidad de respuesta del Ministerio del Interior frente a la pérdida de un turista en una zona donde además hay varios hoteles cinco estrellas. O menos aun discutimos la desproporción en la búsqueda de Castillo con respecto de las cientos de víctimas desaparecidas en tiempos de la violencia política.
No es menos cierta la relación clientelar de los noticieros y la policía. Vemos a diario la detención de presuntos asesinos, violadores, ladrones, etc. Presuntos, por supuesto, hasta que un juez dicte la sentencia. Sin embargo, la sentencia mediática puede ser más dura. No deberíamos olvidar el abuso que se cometió no hace mucho (¡tres años!) con un grupo de ciclistas en Larcomar. Los policías, además de estar armados con sus respectivos revólveres, llevaban también cámaras de video. Si no hubiera sido por otro sector de la prensa que equilibró con nueva información, seguramente los ciclistas seguirían presos.” (Continuar en La televisión, palabra de dios)
También en esta “edición” (o entrega) de Antiprensa ha salido:
Los medios influyen mucho más de lo que pensamos. La falsa modestia de los periodistas los hace decir que ellos no deciden una elección, pero ciertamente los medios de comunicación inciden sobre esto que se ha llamado “opinión pública”. Generan corrientes de debate, de comentarios, de chismes.
Al machacar una y otra vez sobre un tema, van generando un sentido de realidad sobre el que se deben montar los ciudadanos.
(Carrión y Zárate, 2010)
Encima, hoy por hoy, los medios de comunicación gozan de un alto nivel de confianza con respecto a las otras instituciones nacionales. Más que un cuarto poder, se trata del segundo poder, al costado nomás de la Iglesia Católica (otro megamedio de comunicación) y las Fuerzas Armadas.
En ese sentido es clave la lectura crítica (que tanta falta hace) de los medios. No un periodismo de periodistas, sino reflexionar sobre la televisión, la radio, internet, el acceso libre a la información, la posibilidad de generar contenidos, etc.
Ese es el punto de partida de AntiPrensa, una iniciativa interdisciplinaria que busca abrir debate sobre los medios. Así, conversamos con Nino Bariola y Mariel García, voceros de AntiPrensa.
“La CVR también ha podido corroborar que, conforme los actos terroristas de los miembros del PCP aumentaron y los esfuerzos policiales por controlarlos fueron desbordados, los medios empezaron a incluirlos como noticia y, de esa manera, fueron ganando legitimidad como actores. Esto también propició que, en numerosas ocasiones, la prensa, sin proponérselo, colaborara con lo que buscaban los mismos grupos alzados en armas: crear zozobra, y generar el descontrol y el pánico en la sociedad.
Alejandro Sakuda, uno de los fundadores de La República, y su director entre 1987 y 1995, afirma:
La primera página siempre era policial. Si un carpintero, por ejemplo, acuchillaba a su esposa eso era primera página. Entonces cuando cambia esta situación ya viene el desconcierto ¿qué está pasando aquí? […]. Hay otro carpintero que acuchilla a su esposa y ya prácticamente no es noticia. El terrorismo le ha quitado la primera plana […].
Precisamente, esta alarma social y el tratamiento tremendista y sensacionalista al que muchos diarios y noticieros se inclinaron, hicieron más sencillo que surgieran como respuesta posturas radicales para enfrentar el conflicto. Éste fue el caso del gobierno y de las fuerzas del orden.”
Tres hechos sobre la prensa y la responsabilidad (pública). Discusión al final.
1. La prensa y la gripe AH1N1: Cada día, en los titulares de los diarios, es uno o dos infectados más por esta nueva gripe. Desigual tratamiento a los muertos por el frío en el sur. Criterios periodísticos. Aquí el comentario del doctor Elmer Huerta:
“…espero que ustedes se hayan dado cuenta que esta famosa gripe AH1N1 no es más que una gripe común y corriente y que tiene una letalidad del 0.8%, lo cual significa que de 100 personas atacadas, 99 sobreviven. Hay mas probabilidades de morir atropellado por una combi que de enfermarse y mucho menos morir por la gripe AH1N1. Somos víctimas del pánico creado por medios de comunicación sedientos de trasmitir información sensacionalista, episódica y sin criterio de perspectiva.
Quiero compartir con ustedes estos dos artículos que denuncian precisamente esa situación de “rehenes de los medios de comunicación” en la que hemos lamentablemente caído en las últimas semanas.
El primero es del Dr. Marc Siegel de la Universidad de Medicina de Nueva York. El segundo es del columnista Jorge Camil del diario La Jornada de México.
Y si usted todavía se pregunta si las inútiles mascarillas son necesarias, comparto este artículo.
Me parece increíble que los medios de comunicación hayan quedado tan deslumbrados con la gripe AH1N1 que se han quedado ciegos para ver cómo el frío y la indiferencia ocasionan más muertes en niños andinos que todas las muertes causadas en el mundo entero por la famosa gripe AH1N1.” (Pánico mediático, Cuida tu salud, Elmer Huerta)
2. La hija “desnaturalizada”: Giuliana Llamoja, que asesinó a su madre hace unos años, salió en libertad. La prensa necesita saber qué piensa ahora. Es cosificada por la maquinaria mediática inmediatamente, como el caso lejano pero similar de Clímaco Basombrío. Aquí el comentario de Rocío Silva Santisteban:
El periodismo tabloide de lectoría vertical frente al kiosco se lanzará nuevamente a buscar la primicia con algún elemento que delate algo nuevo en el caso resuelto de Giuliana Llamoja ahora que está en libertad. En efecto, este jueves el 28 Juzgado Penal de Lima, dirigido por la jueza Sonia Salvador Ludeña, declaró procedente su solicitud de semilibertad tras haber cumplido un tercio de la condena de 12 años por homicidio. Esa misma noche en el programa Hora 20, de Radio San Borja, los dos conductores discutían sobre una supuesta magnanimidad de la justicia en relación con este caso: “ahora todos dicen pobrecita, pero asesinó a su propia madre de 65 puñaladas”.
Por supuesto que la red está llena de referencias a Giuliana Llamoja dentro de páginas web que la fichan, por ejemplo, en una lista nacional de “Malvadas 1” o que imaginan páginas de su diario en el Hi5. Hasta un psicólogo radial se atrevió a diagnosticar su caso diciendo que “existía una alianza muy fuerte con el padre y la madre era menospreciada”. (Giuliana, Kolumna Okupa, Rocío Silva Santisteban)
3. El chuño affaire: Tres periodistas en un magazine cultural en un canal de cable comentan sobre la presencia de dos actrices en el festival de Cannes. Dos de ellos (Jimena Lindo y Renzo Schuller) se refieren a las actrices (Magaly Solier y Norma Martínez), parte en tono de chacota, parte en tono de inside joke, parte en tono despectivo, que ellas se encontrarían vendiendo chompas o chullos (que fue lo que escuché, ver video más abajo). Saltan los reflejos anti-racismo, en la prensa primero (en el diario El Popular, que ya sacó lo publicado, pero gracias a internet, existe el caché de Google) y luego en distintas redes sociales.
Mientras se discute sobre la necesidad de auto-regular la red, pasan estas cosas cotidianamente en los medios masivos. Que los medios masivos, además, hayan puesto a su disposición distintos canales de feedback con sus lectores/clientes/consumidores (a través de blogs, cuentas en Facebook, en Twitter), también desnuda la maquinaria mediática. La prensa (en los tiempos de las encuestas de popularidad quincenales) puede contribuir a la ejecución (o no) de alguna política social, que alguien permanezca en la cárcel o que un sentido común se refuerce.
Luego, cuando ocurren momentos extraños (como el de la muerte de Álvaro Ugaz, por ejemplo), se da la sensación de que algo está fallando en la máquina y salta la sensación de que detrás de todo esto hay una conspiración de periodistas, dueños de medios y gente del poder.
Como vemos, nada de esto es gratuito. Hay demasiado por qué sospechar que el periodismo en el Perú no está haciendo bien las cosas.