El libro y la lectura #DiadelLibro

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Roger Chartier. Foto por arnaudanciaux. Algunos derechos reservaros.

Sí, hay que preguntarse decididamente qué es leer. La palabra lectura puede tener dentro muchas trampas y engaños. Creo que hay múltiples maneras, razones y técnicas de leer. Ante una pantalla de ordenador es muy probable que se produzca una lectura fragmentada, segmentada, una lectura que no es intensa ni intensiva, de forma que el lector solo se apodera de fragmentos. No tiene nada que ver con la lectura de siempre ligada con los géneros clásicos de la literatura, la filosofía, la historia. Hasta la misma forma del librotradicional nos impone la percepción de su coherencia.

– Roger Chartier (entrevista)

Un punto azul pálido #DiadelaTierra

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“Desde este lejano punto de vista, la Tierra puede no parecer muy interesante. Pero para nosotros es diferente. Considera de nuevo ese punto. Eso es aquí. Eso es nuestra casa. Eso somos nosotros. Todas las personas que has amado, conocido, de las que alguna vez escuchaste, todos los seres humanos que han existido, han vivido en él. La suma de todas nuestras alegrías y sufrimientos, miles de ideologías, doctrinas económicas y religiones seguras de sí mismas, cada cazador y recolector, cada héroe y cobarde, cada creador y destructor de civilizaciones, cada rey y campesino, cada joven pareja enamorada, cada madre y padre, cada niño esperanzado, cada inventor y explorador, cada profesor de moral, cada político corrupto, cada “superestrella”, cada “líder supremo”, cada santo y pecador en la historia de nuestra especie ha vivido ahí —en una mota de polvo suspendida en un rayo de sol.

La Tierra es un escenario muy pequeño en la vasta arena cósmica. Piensa en los ríos de sangre vertida por todos esos generales y emperadores, para que, en gloria y triunfo, pudieran convertirse en amos momentáneos de una fracción de un punto. Piensa en las interminables crueldades cometidas por los habitantes de una esquina de este píxel sobre los apenas distinguibles habitantes de alguna otra esquina. Cuán frecuentes sus malentendidos, cuán ávidos están de matarse los unos a los otros, cómo de fervientes son sus odios. Nuestras posturas, nuestra imaginada importancia, la ilusión de que ocupamos una posición privilegiada en el Universo… Todo eso es desafiado por este punto de luz pálida. Nuestro planeta es un solitario grano en la gran y envolvente penumbra cósmica. En nuestra oscuridad —en toda esta vastedad—, no hay ni un indicio de que vaya a llegar ayuda desde algún otro lugar para salvarnos de nosotros mismos.

La Tierra es el único mundo conocido hasta ahora que alberga vida. No hay ningún otro lugar, al menos en el futuro próximo, al cual nuestra especie pudiera migrar. Visitar, sí. Colonizar, aún no. Nos guste o no, por el momento la Tierra es donde tenemos que quedarnos. Se ha dicho que la astronomía es una experiencia de humildad, y formadora del carácter. Tal vez no hay mejor demostración de la locura de la soberbia humana que esta distante imagen de nuestro minúsculo mundo. Para mí, subraya nuestra responsabilidad de tratarnos los unos a los otros más amable y compasivamente, y de preservar y querer ese punto azul pálido, el único hogar que jamás hemos conocido.”

— Carl Sagan.

Los profetas de las combis

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Trasládate al año 1986, donde se intentaba evitar que el transporte público se vuelva un desmadre. Y, claro, los por entonces jóvenes libertarios dicen:

“es indignante que el municipio diga ‘acelera, frena, recoge, no recojas, habla así, calla, pórtate de este modo, baja el volumen de la radio, lávate las manos, etc.”


Haz click sobre la imagen para ver más grande. Diario Expreso 15/01/1986

Claro, qué terrible eso de regular. Cuando pienses en los ideólogos de las combis de la muerte, recuerda este texto.

También puedes leer “La libertad de ruta”, también de Federico Salazar. “La municipalidad le dice al dueño de un microbús cómo organizarse”. ¡El horror!

Robótica y Educación (2)

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En un anterior post nos quedamos con las preguntas, ¿qué podría aportar la enseñanza de la robótica en escolares? ¿Qué tipo de competencias podría implicar?

Aquí quiero ensayar una idea que vengo trabajando en las clases de Tecnologías de Información, con los alumnos de periodismo de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya. Es la hipótesis de McLuhan, para quien la tecnología no es otra cosa que una amplificación o extensión de las capacidades biológicas del ser humano.

“Los medios, al modificar el ambiente, suscitan en nosotros percepciones sensoriales de proporciones únicas. La prolongación de cualquier sentido modifica nuestra manera de pensar y actuar – nuestra manera de percibir el mundo.
Cuando
esas
proporciones
cambian,
los hombres cambian.” (El medio es el masaje, McLuhan y Quentin Fiore, 1967, Bantham).

El automóvil (como el tren, antes), por ejemplo, modificó nuestra concepción de tiempo y espacio. El trasladarse de un lugar a otro, a través de un medio que no es el pedestre (o el caballo), nos modifica nuestra idea de geografía, de tiempo a consumir, de paisaje. Un viaje pedestre nos parece “mucho tiempo”, en la medida que los tiempos del automóvil (como luego, los tiempos del avión) nos obligan a repensar el traslado de un lugar a otro. La tecnología (esa acumulación de experiencia, técnica y saber) se vuelve ya parte de la propia especie humana y no es solamente algo a lo que accedemos. En ese sentido, McLuhan hizo bastante énfasis en esos efectos.

Se puede replicar con el hecho que no todos tienen acceso a dichas tecnologías. Sin embargo, el solo hecho que existan, implica un cambio en nuestra manera de relacionarnos con nuestro entorno; se modifican así también las sensibilidades, la cultura (la estructura de sentimientos, en palabras de Raymond Williams, el aire de la época, el horizonte cultural). Implica, a su vez, un paradigma (en el sentido de Thomas Kuhn), un consenso sobre cómo nos involucramos, cómo nos relacionamos entre sí.

Regresemos a la robótica y su enseñanza. Un sentido común, dentro de la pedagogia, le da más énfasis al contenido que al objeto. Así, es más importante lo que dice un libro, que el libro como soporte físico. Un niño se ve así lanzado en la escuela a aprender y a entender las palabras, independientemente del vínculo afectivo que puede tener ese objeto que tiene en sus manos. El niño podría incluso llegar a odiar el libro, el pasar la página, no valorar el tiempo que implica el posar la vista sobre las letras. La aparición de la computadora en cierto modo significa una estocada al paradigma libro, como soporte clave para la transmisión del conocimiento y ha impuesto la inmediatez, el acceso a enormes cantidades de información (más allá de la palabra escrita), la hipermediación, etc. Así como la escritura (siguiendo a Jack Goody y también a Gordon Childe), implicó un cambio en las lógicas en la transmisión de conocimiento, la electronalidad (o literacidad digital, dependiendo de los autores) cambió la manera de recordar, analizar, calcular.

El problema aquí es que al ver a las TIC como un transmisor más de información y contenidos (un material pedagógico, repositorio de recursos), se pierde de vista la especificidad del objeto. Haciendo el paralelo con McLuhan, termina siendo más importante el mensaje (el recurso) que el medio (el material), lo cual, como venimos sosteniendo, es una ruta posiblemente errada.

Si, por el contrario, viéramos a las TIC como un material complementario a otros materiales, donde lo central no es tanto el contenido, sino el generar un cambio en torno a las sensibilidades y lógicas (procesos cognitivos); es decir, si escapáramos del corsé del contenido, quizá sea posible allí ser realmente innovadores con respecto a las TIC y la educación.

Y es allí donde la robótica puede jugar un papel fundamental.

Entender la robótica, implica entender la lógica de la programación, el organizar pasos, algoritmos. Implica plantearse un problema, un reto, algo a resolver. También entender la transformación de la luz, de la distancia entre objetos, posiblemente de sonido, etc., en números a ser analizados y que estos números a su vez sean traducidos en alguna acción, movimiento, etc.

Esto implica un cambio a nivel cognitivo. Si enfocamos la robótica por la transformación de luz en información, podemos luego entender otros fenómenos que ocurren a nuestro alrededor. Podemos impulsar la imaginación. No necesariamente se trata que un niño se vuelva un ingeniero mecatrónico, pero sí que pueda ver el mundo de otra forma, que cambie, su estructura de sentimientos.

¿Y cómo vamos en el Perú, al respecto? Eso va a ser motivo de otro post. Stay tuned.

Más: Estudiantes de Sullana viajaron a Indonesia a participar en concurso de robótica (La República)