Los profetas de las combis

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Trasládate al año 1986, donde se intentaba evitar que el transporte público se vuelva un desmadre. Y, claro, los por entonces jóvenes libertarios dicen:

“es indignante que el municipio diga ‘acelera, frena, recoge, no recojas, habla así, calla, pórtate de este modo, baja el volumen de la radio, lávate las manos, etc.”


Haz click sobre la imagen para ver más grande. Diario Expreso 15/01/1986

Claro, qué terrible eso de regular. Cuando pienses en los ideólogos de las combis de la muerte, recuerda este texto.

También puedes leer “La libertad de ruta”, también de Federico Salazar. “La municipalidad le dice al dueño de un microbús cómo organizarse”. ¡El horror!

Robótica y Educación (2)

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En un anterior post nos quedamos con las preguntas, ¿qué podría aportar la enseñanza de la robótica en escolares? ¿Qué tipo de competencias podría implicar?

Aquí quiero ensayar una idea que vengo trabajando en las clases de Tecnologías de Información, con los alumnos de periodismo de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya. Es la hipótesis de McLuhan, para quien la tecnología no es otra cosa que una amplificación o extensión de las capacidades biológicas del ser humano.

“Los medios, al modificar el ambiente, suscitan en nosotros percepciones sensoriales de proporciones únicas. La prolongación de cualquier sentido modifica nuestra manera de pensar y actuar – nuestra manera de percibir el mundo.
Cuando
esas
proporciones
cambian,
los hombres cambian.” (El medio es el masaje, McLuhan y Quentin Fiore, 1967, Bantham).

El automóvil (como el tren, antes), por ejemplo, modificó nuestra concepción de tiempo y espacio. El trasladarse de un lugar a otro, a través de un medio que no es el pedestre (o el caballo), nos modifica nuestra idea de geografía, de tiempo a consumir, de paisaje. Un viaje pedestre nos parece “mucho tiempo”, en la medida que los tiempos del automóvil (como luego, los tiempos del avión) nos obligan a repensar el traslado de un lugar a otro. La tecnología (esa acumulación de experiencia, técnica y saber) se vuelve ya parte de la propia especie humana y no es solamente algo a lo que accedemos. En ese sentido, McLuhan hizo bastante énfasis en esos efectos.

Se puede replicar con el hecho que no todos tienen acceso a dichas tecnologías. Sin embargo, el solo hecho que existan, implica un cambio en nuestra manera de relacionarnos con nuestro entorno; se modifican así también las sensibilidades, la cultura (la estructura de sentimientos, en palabras de Raymond Williams, el aire de la época, el horizonte cultural). Implica, a su vez, un paradigma (en el sentido de Thomas Kuhn), un consenso sobre cómo nos involucramos, cómo nos relacionamos entre sí.

Regresemos a la robótica y su enseñanza. Un sentido común, dentro de la pedagogia, le da más énfasis al contenido que al objeto. Así, es más importante lo que dice un libro, que el libro como soporte físico. Un niño se ve así lanzado en la escuela a aprender y a entender las palabras, independientemente del vínculo afectivo que puede tener ese objeto que tiene en sus manos. El niño podría incluso llegar a odiar el libro, el pasar la página, no valorar el tiempo que implica el posar la vista sobre las letras. La aparición de la computadora en cierto modo significa una estocada al paradigma libro, como soporte clave para la transmisión del conocimiento y ha impuesto la inmediatez, el acceso a enormes cantidades de información (más allá de la palabra escrita), la hipermediación, etc. Así como la escritura (siguiendo a Jack Goody y también a Gordon Childe), implicó un cambio en las lógicas en la transmisión de conocimiento, la electronalidad (o literacidad digital, dependiendo de los autores) cambió la manera de recordar, analizar, calcular.

El problema aquí es que al ver a las TIC como un transmisor más de información y contenidos (un material pedagógico, repositorio de recursos), se pierde de vista la especificidad del objeto. Haciendo el paralelo con McLuhan, termina siendo más importante el mensaje (el recurso) que el medio (el material), lo cual, como venimos sosteniendo, es una ruta posiblemente errada.

Si, por el contrario, viéramos a las TIC como un material complementario a otros materiales, donde lo central no es tanto el contenido, sino el generar un cambio en torno a las sensibilidades y lógicas (procesos cognitivos); es decir, si escapáramos del corsé del contenido, quizá sea posible allí ser realmente innovadores con respecto a las TIC y la educación.

Y es allí donde la robótica puede jugar un papel fundamental.

Entender la robótica, implica entender la lógica de la programación, el organizar pasos, algoritmos. Implica plantearse un problema, un reto, algo a resolver. También entender la transformación de la luz, de la distancia entre objetos, posiblemente de sonido, etc., en números a ser analizados y que estos números a su vez sean traducidos en alguna acción, movimiento, etc.

Esto implica un cambio a nivel cognitivo. Si enfocamos la robótica por la transformación de luz en información, podemos luego entender otros fenómenos que ocurren a nuestro alrededor. Podemos impulsar la imaginación. No necesariamente se trata que un niño se vuelva un ingeniero mecatrónico, pero sí que pueda ver el mundo de otra forma, que cambie, su estructura de sentimientos.

¿Y cómo vamos en el Perú, al respecto? Eso va a ser motivo de otro post. Stay tuned.

Más: Estudiantes de Sullana viajaron a Indonesia a participar en concurso de robótica (La República)

El “saqueo” del Centro Cívico

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Captura realizada el 5 de abril del 2014 a las 10:15pm

Este es un tema interesante. Según lo que me entero, no es la primera vez que un evento así ha ocurrido. Se arma un evento espontáneo, una movida convocada a través de un servicio como Facebook (¿también SMS? ¿Whatsap?) para “saquear” un centro comercial. Se apela a una serie de discursos, que tienen que ver con la legalización de la marihuana, a despabilar a Humala. Y adolescentes (entre 15 y 16 años, fundamentalmente) van en plan de joda, no llegan a saquear nada, pero crean cierto miedo entre las redes, entre quienes ven llegar a una turba aparentemente amenazante. Como no han cometido ningún tipo de crimen (el saqueo nunca se da a lugar), la policía llega a soltar a todos los chicos.

El análisis más rápido podría ser decir que son una sarta de buenos para nada, que la civilización se está acabando, que se dediquen a estudiar. Sin embargo, deberíamos poder contar con un poco más de información. ¿Qué interés tiene un o una adolescente en aceptar ir a la convocatoria? ¿Qué idea de país tiene? ¿Qué idea de política? ¿Cuál su idea de participación política? ¿Cuál es su idea de mercado? ¿Qué valoran? ¿Qué cosa no les gusta?

Pasa mucho en el “hacer nada”, planteaba Paul Corrigan en su investigación sobre los hijos de la clase obrera inglesa, allá por la década de los años setenta:

“The major element in doing nothing is talking. Not the arcane discussion of the T.V. talk show, but recounting, exchanging stories which need never be true or real but which are as interesting as possible. About football, about each other, talking not to communicate ideas, but to communicate the experience of talking. It passes the time and it underlines the group nature of the different ways that the boys have of passing the time. A great deal of joking goes on. It was between the area of talking, joking and carrying on that things emerged that the boys called ‘weird ideas’.”

Viene la traducción (el énfasis es mío):

“El mayor elemento del “hacer nada” es la conversación. No las discusiones oscuras de los talk show de las TV, sino el recontar, intercambiar historias que no necesitar ser nunca reales pero que deben ser lo más interesantes posibles. Sobre el fútbol, sobre cada uno, hablar pero no comunicar ideas, comunicar la experiencia de la conversación. Se pasa el tiempo y se va remarcando la naturaleza grupal de las distintas maneras en las que los chicos pasan el tiempo. Se juegan muchas bromas. Es en el área interna del conversar, bromear y pasar el rato que emergen aquellas cosas que los chicos llaman “ideas locas”“. (Traducción libre).

No deberíamos perdernos tanto por el uso de las “redes sociales”, sino por el tipo de interacciones que tienen estos adolescentes cuando se juntan en estas movidas. Y ver qué “ideas locas” emergen.

La posible inspiración: Los rolezinhos brasileños (cubiertos por The Economist). Renato Barreiros, quien ha cubierto el tema le llama “El Capitalismo Anticapitalista”.

Más: Se viene otro “saqueo”, esta vez al Centro Coemrcial Real Plaza de Santa Clara. Hay otro más en el Tottus de Los Olivos. Incluso hay un “saqueo” a la ficticia tienda de Don PEpe. Unos bailan Happy de Pharrell Williams como forma de protesta (¿la enfermedad del baile como protesta? ¿no?), otros organizan estas movidas.

Como dice uno de los organizadores de una de estas movidas: “Ser promotor de eventos no es una moda, es una cultura”.

Actualización (11:26 am 7/4/2014): Los eventos han sido cancelados.

Jose Wilker

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Asa Branca es un pueblo rural brasileño, pero podría ser un pueblo rural peruano. La vida gira alrededor de la agricultura y la religión, además por lo que el hacendado local, el señorito Malta ordenaba, más allá de los dictados del alcalde o la autoridad local. Hace como veinte años, un grupo de cuatreros desalmados y armados hasta los dientes, llegó y amenazó a todos los habitantes de Asa Branca. Ellos querían robar las joyas de la pequeña capilla, donde se guardaba una cruz de oro. Un joven artesano, un santero, se interpuso entre los ladrones y la iglesia y se inmoló. Fue baleado frente a la puerta de la iglesia. Su cuerpo fue arrojado al río. Los ladrones huyeron, pero el pueblo se salvó.

El joven llamado Roque se convirtió en un santo y se le atribuyeron una serie de milagros. Era como Sarita Colonia, un santo popular. La vida transcurría relativamente bien en el pueblo. Incluso, los habitantes de Asa Branca estaban contentos porque se iba a filmar una película sobre la vida del joven Roque.

Hasta la mitad de la historia era para mi una telenovela de enredos, salvo porque estábamos ante quizá uno de los mejores giros argumentales que alguna vez haya visto en televisión.

Roque (José Wilker) regresa a Asa Branca luego de veinte años. “¿Está seguro que esto es Asa Branca?”, pregunta Roque en la cantina local. Roque nunca murió. Nunca se inmoló. Es más, él fue quien robó las joyas de la iglesia y se fue del pueblo. Fingió su muerte porque no aguantaba más la vida rural. Pero quería regresar, ya hecho un próspero citadino, a ayudar al pueblo, a regresar las joyas (¡milagro!, exclamaron algunos, besando la imagen de Roque Santero) y a cerrar sus culpas.

Por supuesto, el status quo de Asa Branca fue remecido. El pueblo, cada vez más enterado de la mentira, prefirió cerrar los ojos a hacer pública la verdad. El final, cínico, con Roque alejándose en el avión y donde todo siguió como si nada ha pasado, debió ser de lo mejor que vi en la televisión en toda mi vida.

Y José Wilker, me entero hoy, ha fallecido.

Qué triste. Wilker hizo creíble la historia de este joven embustero, ahora adulto. Wilker era el viento de la modernidad en un pueblo que se aferraba a la tradición, sea como sea.

Adiós, José Wilker, gracias por todo.